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Psicología Budista: la ciencia del interior

Cuando se habla de budismo no hablamos de una religión donde hay que refugiarse y sobarse la heridas, es una metodología, es la ciencia del interior, la ciencia de la mente. Por eso es adecuado llamarle psicología budista, porque trabaja con nuestra mente y procesos mentales.

Y qué pasa con nuestra mente y procesos mentales cuando perdemos a seres queridos, cuando los perdemos por cambios en nuestra emotividad, en las relaciones interpersonales, de repente el amor se acaba o alguien fallece, o perdemos facultades porque vamos envejeciendo. La tradición budista nos ayuda a relacionarnos de manera más amorosa y compasiva con nosotros mismos.

Es decir, este Buda, Freud, Carl Jung o quien nos agrade, este profundo contemplativo meditador de la India de hace 2,600 años que solo quiso ser un humano despierto, nos plantea herramientas para relacionarnos con estos inevitables cambios, con este dolor que sentimos y eso es lo que nos hace humanos, cuando perdemos facultades, nos quedamos solos, los ingresos nos cambian la vida ¿Cómo es que podemos relacionarnos de manera amorosa con nosotros mismos? En otras palabras como podemos dejar de amargarnos.

A los 19 años me fui a Escocia después de la preparatoria, ahí viví dos años y comenzó mi interés profundo por el budismo, no solo en su pate teórica y sicológica sino también en su parte meditativa. Tenia mis crisis emocionales, inseguridad, mis traumas inconscientes o traumas fantasmales, que no los detectas pero se manifiestan en nuestras relaciones interpersonales o en la toma de decisiones, en la conducta. Entonces se abre la oportunidad de estudiar budismo en una universidad tibetana en la India y de manera formal a los 21 años me fui y ahí estuve por más de 8 años. Llegue a una universidad a estudiar y aprendedor tibetano y recibí enseñanza de Lamas. Logre meditar, recibir instrucciones, inmersión completa en una cultura que me interesaba en la parte emocional, psicológica y transformativa. Vivir en la india de 1993 al 200 no fue fácil, es otra cultura y estás alejado de tu país y tu familia. Viaje al Tíbet varias veces, pase temporadas largas en Bután, en Nepal, me transformó todo esto, la mía era una búsqueda meditativa, contemplativa, donde asumes responsabilidad donde no es una religión, es como la posibilidad de enfrentarte a ti mismo, de hacerte cargo de ti, de tus emociones, asumir responsabilidad en tus fracaso, en tu niñez tormentosa, ya que la mía no fue fácil, mis padres comenzaron a divorciarse cuando yo tenía 8 años y hasta mis 13 acabaron ese proceso. Los padres transmiten sus valores externos y el dolor inconsciente de sus propios sistemas.

Eso a mi me llevo a darme cuenta de la responsabilidad de sanarme y mirar hacia adentro, eso me gustó, la profundidad y la minuciosidad de la psicología budista, es sumamente enriquecedor. Lo que hago hoy en día es poner a dialogar las ciencia cognitivas y las neurociencias con la psicología clásica budista.

En esta etapa de la vida debemos irnos más hacia adentro, y hacerte de herramientas. Todos tenemos una sabiduría innata.

La psicología positiva afirma que si bien tenemos rasgos disfuncionales también podemos evocar rasgos coherentes, funcionales, amorosos y sanos en todo ser humano, esto tiene resonancia con la tradición psicológica budista, porque no trabaja con la idea de hazle a Buda oraciones y mantras para que no te abandone, es desde esta aproximación sicológica que nos dice la razón por la cual experimentamos trauma o tuca (como se dice tradicionalmente sufrimiento) tienen causas, la palabra trauma en griego significa herida.

Otra enseñanza importante sicológica y sociología que da el budismo es la interconexión , la interdependencia, todo está conectado, todos estamos vinculados, les recomiendo la charla de TED que lleva por titulo: Todo está conectado.

Es una extraordinaria descripción de lo poético que decía Carl Sagan, en su extraordinaria serie cosmos que nos hacia mirar como nuestra arrogancia humana está destruyendo nuestro único hábitat y su frase: estamos hechos de polvo de estrellas, nuestro corazón está hecho de polvo de estrellas porque uno de los componentes más importantes que hay en nuestro corazón viene de las explosiones estelares, aquello que procesa oxigeno es un metal que nosotros tomamos para hacer del oxigeno algo que nos diera vida.

No es ver que enfermos estamos los humanos, es comenzar a sanar desde dentro.

Que aunque critiques al mundo, a aquellos que no están de acuerdo con tu ideología, si nosotros construimos simbólicamente lo negativo afuera, lo guardamos dentro, Buda lo decía en términos de la construcción simbólica de la realidad. Meditemos, agradezcamos a nuestras células, a los órganos la vitalidad, a todos aquellos que participaron en tu gestación, a quienes te enseñaron a leer, agradece y no te empobrezcas con lo que has perdido. Todo comienzo tiene fin, todo proceso es un proceso de amor, uno se despide temporalmente pero siempre estamos conectados.

Uno es responsable de su construcción emocional y simbólica, agradece lo bonito de todas tus relaciones y lo que no fue agradable reconoce que fue tu elección y siempre puedes sanar desde una perspectiva amorosa y compasiva hacia ti mismo, eso me agrada porque no nos victimiza ni nos culpa. En occidente la cultura de la culpa es tremenda, no podemos hacer nada con ella.

No es sano para nuestros órganos y pensamientos sentir que no somos merecedores de felicidad, de nuestro cuerpo sano. Esta es una etapa que hay que llenar de compasión y agradecimiento porque nos conviene estar bien dentro de nosotros, sin culpas, sin cargar vergüenzas, la vergüenza es decir: soy algo malo y por eso no merezco otro tipo de experiencia ahora y eso es muy desgastante, puede venir desde nuestra infancia ese sentido de vergüenza.

Poco a poco podemos acariciarnos y abrazarnos, como decía George Eliot: nunca es tarde para ser la persona que pudiste haber sido.

Cuando te amargas y te resignas a esa energía de culpa y auto agresión la sigues transmitiendo de manera relacional, son estos hilos invisibles de conexión, es la intuición que vamos descubriendo a lo largo de la vida con nuestro seres queridos, ese es el campo al que pertenecemos y cuando no lo sanamos dejamos esa deuda para nuestros descendientes.

Dejamos es deuda para una próxima vida en nosotros, nunca es tarde para afirmarse. Eso es sanar, la herida sana, ya no repites patrones y ya puedes mirarte libre de vergüenza. En el sistema puede haber modificaciones y mucho aprendizaje a favor.

Se habla de 4 velos que oscurecen nuestra salud mental:

El velo del karma, karma significa: reacción a la acción o consecuencia a la causa. Cuando nosotros no nos afirmamos amorosamente no vamos a poder relacionarnos amorosamente con los demás. Solo podemos dar lo que tenemos. Si te sana s ti mismo vas a lograr sanar al sistema. El velo del karma es la consecuencia de lo que no te has permitido trabajar.

Tiene sus costos ir a terapia, entre otros el de la valentía para dar un salto a una incertidumbre amorosa y te recuperes a ti.

Deja de repetir por miedo, no te abandones, haz las paces contigo.

El velo de las emociones destructivas, son bloques o ladrillos simbólicos con los que construimos la realidad, son piezas de rompecabezas, de tal manera que si no trabajas con el abandono de ti mismo entonces esa reiterativa construcción simbólica solo o acompañado vas a propiciar estar abandonado o que te maltraten.

El velo de los hábitos, como desde pequeños con base en hábitos vamos incesantemente a repetir, en realidad sin importar la edad, por eso es importante generar una red de apoyo, cuando quieras hacer una cambio busca una red de apoyo con amistades, con psicoterapia.

El velo cognitivo, es el del narcicismo, del aferramiento al yo. Cuando uno va generando amor bondadoso hacia uno y a los demás, cuando vamos quitando culpas y vergüenza cuando vas re configurando tu construcción simbólica de identidad entras en un estado contemplativo, la mente está en silencio y relajada, es donde se produce un estado de despertar innato.

El silencio interno nos lleva a despertar.

“La vejez no es un viaje al final de la vida, sino a un viaje al sentido de la vida”

– Marianne Williamson

Por: Mtro. Eduardo Herrera

centrohimalaya.com

 

 

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