Cuerpo

Cómo preparanos para envejecer

Con Yolanda Burgos Uriarte / Maestra en Gerontología y Orientación Familiar.

“¿Qué hago? Mis padres están envejeciendo”
Es el último libro de Yolanda Burgos Uriarte

¿Por qué hiciste este libro?

Este libro empezó un poco por la experiencia de ver a mis padres envejecer, mis padres ya murieron hace tiempo. En la práctica profesional muchas familias hacían preguntas frecuentes, las amistades tenían también estas preguntas y después mis hijos se empezaban a preguntar lo mismo. Empecé a dar respuestas muy puntuales y fue un libro corto porque no es un tratado de gerontología ni un tratado de vínculos familiares, son respuestas puntuales. Lo que hice fue dar un punto de vista desde mi experiencia con las personas mayores, mi experiencia como mujer envejeciente con hijos jóvenes y tratar de conciliar ambos puntos de vista.

Hemos vivido en el no saber cómo actuar porque no se hablan estos temas.

Algo con lo que yo me he topado y que me sigue pareciendo alarmante es que hay diferentes edades, la edad legal que son los sesenta años, a los sesenta y cinco ya te dan pensiones, la edad orgánica o biológica y la edad individual. Si nosotros nos preguntamos de qué edad nos sentimos la mayoría de las personas nos sentimos por lo menos diez años más jóvenes. Lo mismo pasa si le preguntas a un muchacho de treinta, te dice yo me siento como de veinte, es normal porque la saluda ha aumentado y se ha mantenido. El llegar a los 60 años y que los hijos empiecen a tratar a los padres como personas ya muy mayores es una de las primeras injusticias. A esa edad sigue siendo autónomos y siguen teniendo proyectos de vida. El entorno hace que empecemos un proceso adelantado de envejecimiento. Es peligroso porque nos van a empezar a envejecer antes de tiempo cuando no estamos viejos ni mental ni físicamente.

Comprender la forma en la que nuestros padres envejecen tiene varias funciones, primero nos permitirá tratarlos de una manera más digna, evitará que haya disgustos que pueden prevenirse, también nos permite planear nuestro propio envejecimiento y comunicarles a nuestros hijos la forma en la que esperaremos que se nos trate. El envejecer también facilita que el cuidado sea proporcional a la ayuda que necesiten, según vaya siendo su proceso, de tal forma que no nos adelantemos y que el acompañamiento y el cuidado se haga de forma más eficiente y equitativa entre los miembros de la familia y con el cariño correspondiente.

Para mí la dignidad empieza desde el momento en que nos concebimos hasta el momento en que morimos. En las relaciones filiales o con los padres la dignidad se queda abajo porque creemos que con el amor se cubre todo y hay amores que te quitan la dignidad cuando te empiezan a tratar como una persona dependiente cuando todavía no lo eres, cuando empiezan a tomar decisiones sobre tu vida sin consultarte, en nombre del amor. Si somos conscientes de nuestra propia dignidad, trataremos de esa misma forma los demás.

El hilo conductor es tratarnos con respeto y dignidad siempre.

La dependencia de una persona  se mide en grados de funcionalidad, es decir nosotros tenemos actividades básicas de la vida diaria que son las que nos hacen sobrevivir y las actividades instrumentales de la vida diaria que son las de convivencia con los demás. Por ejemplo, cuando usamos un celular o cuando cambiamos el celular y nos tardamos varios días en entender cómo se usa ese aparato, esa es una actividad instrumental y no quiere decir que porque nos tardemos unos días no seamos capaces de utilizar esta funcionalidad, muchas veces viene el quiebre con los jóvenes que dicen es que como ya está grande no puede usarlo. No es así, la funcionalidad se preserva, nada más que somos un poco más lentos y eso no determina que haya una dependencia o no. Lo pongo a la inversa, cuando nuestros hijos estaban empezando a andar en bicicleta y se caían, la habilidad la iban a adquirir porque nosotros teníamos la paciencia y no los descalificábamos de inmediato, sin embargo al revés si nos descalifican de inmediato y ahí es donde está la inequidad. La funcionalidad es muy importante porque ahí se mide el grado de dependencia que una persona tiene, el que seamos más lentos no quiere decir que no seamos funcionales. Cuando una persona ya no puede hacer las actividades básicas que son alimentarse, bañarse, vestirse, deambular, entonces sí necesita cuidado porque su funcionalidad ya está mermada. Esa distinción a me parece muy importante para medir cuando sí es importante que los hijos intervengan o no.

El envejecimiento es una transformación dentro del desarrollo humano.

No envejecemos igual, tuve un caso de una persona que me describía a su mamá como muy enferma, muy dependiente, no podía tomarse sus medicinas y cuando le pregunté la edad me dijo que tenía ella 60 años, dije ¿Cómo, qué enfermedad tiene? Ninguna, por eso es importante que sepamos que la edad no nos hace viejos, nos hacemos viejos nosotros sí empezamos a soltar el cuerpo y a dejar nuestras decisiones en manos de los demás. Se van a hartar de nosotros más rápido porque no es lo mismo cuidar de una persona que tiene 85 años, que empezar a cuidar esa persona desde los sesenta.

Los papás son los jefes de familia, el organigrama nunca se cambia y nunca se invierte, los padres siempre son la cabeza, aunque tengan un proceso demencial no importa. Los hijos siempre tienen que darle su jerarquía, su respeto. Cuando esto se hace más horizontal empiezan los conflictos por la cuestión de quién va a tomar las decisiones, quién es el que manda en la familia, el que vive más cerca, el más querido y en esas crisis y sobre todo si hay una un problema económico empiezan unas disputas muy importantes. En todas las familias hay crisis, por eso mientras más sepamos de qué se trata este proceso de envejecimiento y más sepamos que hay opciones, mejor se podrá transitar.

¿Qué les recomiendas a las familias cuando se acercan a ti?

Los padres necesitan a su hijo, a su hija para echar la chispa, para contar problemas. Si tienes la ventaja de poder contratar un cuidador profesional lo que haces es rescatar el vínculo que tengas con tu padre o con tu madre porque un cuidador profesional realiza su labor, baja la cortina se va a su casa y tú te reencuentras con tus padres pero los hijos dejamos de ser hijos para convertirnos en cuidadores y esos padres necesitan a sus hijos. Eso me parece fundamental en el vínculo. A mis hijos les digo por favor no perdamos el ser mamá e hijos, tratemos de comer un día o tomarnos un café o ir a la marquesa, eso es lo que yo quiero conservar conforme estoy envejeciendo, no que me digan si me tomé las pastillas. Puede haber gente que diga yo no puedo contratar un cuidador y es súper difícil todo esto y estoy exhausta o exhausto, se vale hablar de todo pero nosotros estamos hablando de lo ideal.

Hay que ir viendo cómo nos hacemos funcionales más tiempo, hay que ir viendo como me acuerdo de mis medicinas, puede ser con una agenda, con un papelito que pego, hay que ir viendo cómo me hago responsable de mi salud de física, mental, emocional y espiritual, de mis vínculos, de cómo organizo mi tiempo.

Nuestra vida es nuestra, solo en caso de que hay una incapacidad mental diagnosticada entonces sí se necesita un tutor pero mientras eso no suceda somos dueños de nuestra vida. Aunque hay veces que el entorno presiona tanto que por cansancio las personas dicen: ay bueno ya hagan lo que quieran.

Más nos vale tener una familia elegida que nos fortalezca y nos protejamos todos de esa presión externa que puede llegar a existir.

Cuando veo que el cuerpo de mi ser querido no resistirá más ¿Qué puedo hacer?

Esta es una una pregunta que me hacen mucho los hijos, pero yo escucho las respuestas de los padres. No todo el mundo quiere saber si tiene una enfermedad terminal, hay personas que dicen si a mí díganmelo. Por eso es bien importante hablar de estos temas en la salud no en la crisis y preguntarnos en esa comida del domingo donde todos estamos contentos: Oye y a ti te gustaría saber. Hay personas que cuando les dicen estás muy grave se derrumban, no tienen una estructura de personalidad sólida y fuerte por las razones que sean para soportar eso y pueden caer en procesos depresivos muy severos. Hay que saber qué quiere el otro, pero cuando está en en un momento de serenidad.

Todos estamos envejeciendo. En ocasiones me dicen: mis papás se han vuelto muy groseros con todos. Qué hago si todo el tiempo me llaman por teléfono, tengo que estar con cruda moral porque no quiero ir a verlos, cómo hacer para que entiendan que están grandes y que hay cosas que ya no deben hacer, cómo les digo que ya no pueden manejar porque son un peligro, etc., y yo ahorita no sé que daría por una tarde con mi papá o con mi mamá.

La paciencia y la compasión son vitales.

Escogamos las batallas que queremos pelear y cuáles no.

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Que fortuna ser parte de este movimiento creador de acciones y propuestas por expertos en el bienestar integral de las personas mayores de hoy y del futuro. Gracias Robinson Cuadros por el trabajo realizado en el Congreso Latinoamericano de Gerontología y Geriatría COMLAT 2023. pic.twitter.com/yfMFvMw7jX

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