Alma

Cuando el corazón se rompe

Por: Roberto Pérez

Soy un señor de 68 años pero mi corazón y mi ser tienen una sensación de que tengo tanto para compartir y tanto que aprender que me parece que no tengo la edad que tengo. Soy agradecido de la vida. La vida me está regalando tantas cosas que también soy consciente que a veces puede haber momentos difíciles pero creo que como aprecio tanto los lindos momentos estoy más preparado para cuando lleguen los otros, estoy más tranquilo, más sereno. Siento que hay una alegría constante, valoro cada momento, cada cosa que sucede.

¿Qué te han enseñado los años?

Si tuviera que sintetizarlo es lo siguiente: durante toda mi tarea de docente siempre tuve una visión muy clara sobre la ética y la condición humana, no entender los procesos, entender las actitudes sanas, el eneagrama me ayudó muchísimo a entender cómo guiar a personas para ese camino. He podido comprender a la humanidad pero en este último tiempo se ha creado una comunión con lo trascendente, con lo espiritual que ha crecido dentro mío y me doy cuenta que también a mi alrededor más me piden que hable de esa visión trascendente y espiritual de la vida. Me siento muy contento porque en este último tiempo me he puesto a leer a hombres que me han nutrido místicamente, hombres y mujeres, he estado en contacto con la naturaleza de una manera muy fuerte y también he estado haciendo ejercicios bioenergéticos con la naturaleza. Este último año te diría que lo que voy viendo es que esa dimensión espiritual de nuestra condición humana no solamente a mí se me hace muy fuerte sino que es lo que siento que tengo que entregar a pedido de las personas, no por querer convencer a nadie, veo que hay una necesidad una conciencia espiritual. Mucha gente de todas las edades se acercan pidiéndome una palabra, una orientación y eso despierta en mí las ganas de entrar más a fondo.

La espiritualidad es la intimidad que tenemos con el creador, con nuestra presencia divina y cada vez busco más esa intimidad yo  eso se nota, los demás me piden que hable de esa de esa intimidad con Dios, con el con el creador. Esto es lo último en este periodo de mi vida.

¿Qué podemos hacer cuando el corazón se rompe?

La experiencia humana de que se rompe el corazón tú y yo la hemos vivido. Así que no hablamos de teoría, hablamos de momentos muy fuertes en nuestras historias personales. A veces quiero compararme con otros y me doy cuenta que mis momentos no fueron tan enormes como los de otras personas. Hay dos cosas importantes: la primera de todas es lo que acabo de decir, que parece que uno lo entiende pero no sé si tanto. Una persona que disfruta mucho la vida, que vive el presente con intensidad, que tiene vida interior y alimenta su interioridad, que sabe tener tiempo para el silencio, para escuchar música, para conectarse con la belleza, una persona que contempla, que sabe parar, que tiene ese gozo de vivir, está mucho más preparado para momentos donde de pronto el corazón se puede romper.

Al estar con la vida de una manera profunda amorosa, contemplativa y agradecida hace que cuando lleguen los malos momentos o las dificultades se puede tener más fuerza interior para entender que lo que sucede siempre es una oportunidad, decirlo teóricamente puede parecer fácil pero no puedo entender el dolor o una situación desgarrante como una oportunidad si no aprendí que todo lo que me sucede agradable o desagradable siempre es una oportunidad.

Todo lo que acontece, todas las personas que llegan a tu vida o son una bendición o son una lección, no hay cosas negativas.

Cuando se me rompe el corazón por algo que me sucede sin buscarlo o por algo que yo ocasioné, o por algo doloroso que le sucedió a un ser querido cercano, cuando llega ese momento desgarrante, lo primero que tengo que entender es que además del dolor inicial y del duelo necesario, dejar que eso se vaya saliendo, toda la emoción que produce una situación así, inmediatamente debe haber un gran amigo al lado o una amiga, que nos diga que esta es una oportunidad. Ahora no lo ves, no lo entiendes, ahora solo ves la partida o el dolor pero nada es casual, nada es una maldición

No lo vamos a entender ahora, cuando se alivie el dolor de tu corazón lo vas a poder comprender. Alguien tiene que decírnoslo una y otra vez amorosamente.

El 18 de julio del 2009 tuve en ataque al corazón y eso era el efecto de un doloroso quiebre con una persona que vivi 14 años y para mí era terrible que se rompiera ese vínculo. Me acuerdo que le dije: me parte el corazón que no podamos encontrar la solución para estar mejor y superarlo. Eso lo dije en el mes de marzo y en el mes de julio de golpe me desmayé en Bogotá. Termino estando en una sala de terapia de unidad coronaria. Me acuerdo que al cerrar los ojos pensé que me podía morir, que no estaban mis hijos y mil pesamientos más. De pronto cuando me pude serenar, me puede decir: tranquilo, es una oportunidad, es como si le diera voz a mi alma para que me dijera a mí mismo estas palabras. Seguro que vas a crecer con esto, vas a terminar dándote cuenta de lo que tienes que darte cuenta, aunque ahora no puedas, tranquilo. Esto me ayudó mucho a suavizar todo porque la mente empieza a hacerse preguntas y la manera de acallarla era ir a la fuente de la vida. Hay personas que no son espirituales y es muy difícil decírselos, pero si tienen una mínima espiritualidad pueden decir un mantra o una oración, repetir una frase o rezar, hasta que de alguna manera parece que la mente empieza a obedecer. El problema es la mente en esos casos de tortura dolorosa, cuando se quiebra el corazón.

Esa búsqueda amorosa de la fuente de la vida, de nuestra presencia divina es lo que nos ancla. Somos seres espirituales que estamos atravesando esta condición humana, somos un alma y tenemos un cuerpo, cuando esto se hace consciente profundamente y cuando admiramos la vida y agradecemos todo, es más fácil que yo entienda.

No es ilógico que en los momentos desgarrante busquemos a aquel que es nuestro padre, madre, la fuente de la vida. Abrazate a aquel que te ama incondicionalmente y que sabe más que nosotros el por qué sucede las cosas.

Espero que cuando me lleguen ese momento tenga una linda amiga o amigo que me lo haga ver. Ese es el paso que tenemos que dar los amigos y las amigas, uno enseguida quiere recurrir con un terapeuta pero la mejor terapia es la amistad. No el amigo que que te quiere sacar del dolor para que te olvides rápido, no. Es el amigo que te hace entrar en el dolor y te hace entender que todo lo que sucede es alimento.

¿Cómo nos acercamos a la persona que está sufriendo?

Lo primero que hay que hacer es que el otro se sienta acompañado. Escucharlo, mirarlo a los ojos, no hay que darle nada, no hay que tocarlo mucho, hay que mirarlo a los ojos, hacerle una caricia. Recuerda que todos tenemos nuestro niño interior. Si uno está preocupado por saber qué tiene, qué hacer no va a salir nada, pero cuando lo miras a los ojos y le pasas la mano por el cabello, no hace falta que le digas mucho. En ese momento no hay palabras, en ese momento es una mirada fuerte, no tienes que mirar como diciendo: Ay pobrecita, no llores, tienes que estar firme mirando a los ojos y decirle vamos a hablar. La persona está quebrada, necesita que tú estés firme porque si estás quebrada, se quiebra más. Yo sé que cuesta lo que te digo.

Me acuerdo cuando una señora señora perdió a su nene de cuatro años, al principio la visitaba para que pudiera desahogar todo el dolor. Durante tres, cuatro meses, solamente me sentaba a hablar con ella para que se desahogara y a partir del cuarto, quinto mes, le digo: bueno, ya estás lista, ahora sí podemos hablar de lo que tienes qué hacer con esto ¿Cómo que tengo que hacer algo con esto? Si, tu esposo se está alejando de ti porque estás tan metida en el dolor que él ya no quiere acercarse porque no quiere sufrir contigo. Tienes una oportunidad, hay muchas madres que pierden hijos, por qué no enseñarles a superar el dolor como lo estás haciendo, por qué no puedes dar tu tiempo para que otras personas puedan empezar a sentir el acompañamiento que puedes dar. Fue a una fundación de mamás que pierden hijos y era una de las mejores, ella era docente, tenía muchas cualidades de formación. También lo otro que le decía es que llegó el momento, eres joven y hay que mirar para adelante, si no te unes a tu esposo desde el amor, porque estás mal, porque él no te entiende, vas a perder algo muy importante. Al año quedó embarazada y tuvo su nuevo bebé pero no dejó de ir a la fundación para acompañar a las mamás. Eso es lo que hay que incentivar, qué hacemos con el dolor, que no nos ahogue. Transformemos el dolor. Si yo quiero quedarme ahogado en el sufrimiento es una elección personal. Es obvio que en el primer tiempo eso va a ocurrir, te va a ahogar el dolor y vas a sentir sufrimiento, pero si lo prolongamos en el tiempo es una decisión nuestra.

Las personas de mucha edad tenemos una ventaja porque se supone que hemos invertido mucho tiempo en el trabajo interior, en crecer interiormente y tenemos, como decía mi abuela el temple. A esta altura de nuestra vida, 60, 70, 80 años tenemos que mirar la partida de alguien como alguien que nos va a esperar. No podemos seguir destrozados, tengo que pensar en que alguien se me adelantó y que tengo que todavía alguna tarea que hacer acá, quizás con algún nieto o con otro hijo,o con alguna otra situación. La vida me está diciendo que tengo que seguir.

La pregunta es ¿Qué me está enseñando esto que me sucede ahora?

Cuando la persona no tiene trabajo interior, no está enamorada de la vida no se sabe unida a la fuente de la existencia, todo acontecimiento va a ser desesperación. Por eso tenemos que alentar que lleguemos a esta edad con una formación interior. Reflexionemos sobre las cosas profundas de la vida.

Les cuento que yo rezo el Ave María de otra manera, me tomé el atrevimiento pero con amor.

Dios te salve María, ese saludo se hacía al César, el salve César un saludo latino romano. El Ángel a María le dijo alégrate. La redención de la humanidad empezó con una palabra: alégrate. Alégrate te va a venir de todo lo que te va a pasar. Después: ruega por nosotros tus hijos, yo me pongo delante de mi padre, de mi madre y no me pongo como pecador, me pongo como hijo, ruega por nosotros tus hijos ahora y en la hora de nuestra vuelta Amén. La muerte es una vuelta. Si cambian la palabra muerte por vuelta estamos haciendo lo que se debe, no hay muerte, hay vuelta a casa. Volvemos a casa, si todavía está la idea de muerte como algo trágico estamos teniendo ese miedo a que va a pasar algo. Hace tiempo me di cuenta que no es el dolor el problema, es el miedo al dolor el que nos causa más angustia. Es el miedo a la muerte lo que nos causa angustia. Los que tengan fe, al poner ruega por nosotros tus hijos ahora y en la hora de nuestra vuelta, estamos diciendo que volvemos a casa y le quitamos la tragedia.

Yo creo que la situaciones límites en la vida existen para que tomemos conciencia de cosas, cuando todo está bien no le damos atención a algunas cosas, estamos habituados a que todo esté bien y cuando está todo bien no hacemos esfuerzos o no tenemos dedicación por cosas mejores. Es importante aprovechar esos momentos para ahondar, estudiar, leer, aprender cosas que sean valiosas para nuestro interior. Es importante no caer en la industria del entretenimiento. Es importante entender que yo tengo que manejar el tiempo y no que me lo maneje la realidad de afuera.

Las situaciones trágicas de la vida son una gran oportunidad para que la persona recupere lo esencial. Hay personas que han atravesado situaciones desgarradoras y después al año, siguen en una actitud banal, superficial, tonta y nos preguntamos cómo puede ser que con la situación que vivió no haya podido mirar la vida de otra manera, invertir el tiempo en hacer el bien a otros, en tratar de tener vida interior, en poner su atención a lo que es imprescindible.

¿Cómo podemos mejorar las pequeñas cosas de cada día? Si yo invierto mi tiempo en vivir mejor lo que vivo cotidianamente, en buscar maestros, lecturas o ámbitos donde yo me pueda nutrir, que encuentre con otras personas un núcleo donde podemos compartir ideas, despertarme a la mañana, hacer una oración, si soy espiritual, estoy enriqueciendo mi vida.

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