enero 22, 2026 Enlace50

¿De dónde vienen los conflictos?

Por: Marisa Escribano

Marisa Escribano, inicia su carrera en la cultura radiofónica con Radio Educación, donde aprendió de manera amplia y profunda, desempeñándose como productora, locutora y realizadora de radionovelas. Posteriormente, trabajó 14 años en noticias para Canal 13 (Imevisión), continuando su carrera en Radio Fórmula, Radio Centro y finalmente, Canal 11, espacio donde actualmente conduce la barra de «Diálogos en Confianza».

Además de su trabajo en medios tradicionales, Marisa colabora en un podcast titulado «Asuntos Mayores», creado junto a una amiga, que aborda los temas relevantes para las personas mayores, un grupo social muchas veces olvidado o estigmatizado.

Con el paso del tiempo ha aprendido a «darse su lugar» y a enfocarse en sí misma desde un punto de vista saludable, no egoísta. Destaca que en etapas anteriores de la vida las personas tienden a olvidarse de sus propias necesidades por enfocarse en los demás. Ahora, insiste, es crucial hacer cosas que nutran el estado interior, lo que proporciona paz y calma, como un acto de autocuidado consciente.

Es muy importante el equilibrio: cuidar la salud y mantener hábitos adecuados, pero sin caer en el exceso. Por ejemplo, permitir disfrutar una hamburguesa, un trago o un ocio ocasional, ya que no se trata de renunciar al placer sino de hallar un balance para una vida plena y bien vivida.

Importancia de Enfrentar el Conflicto

Un tema vital es el manejo de los conflictos, dado que gran parte de los problemas humanos surgen de desacuerdos interpersonales o auto conflictos. Muchas veces las personas no reconocen ni afrontan estas tensiones, dejándolas crecer hasta que se vuelven difíciles de gestionar.

Las razones para que surjan y crezcan los conflictos son muy diversas:

  • Problemas de comunicación: Diferencias en la percepción y comprensión, donde cada persona ve y entiende el mundo desde su propia experiencia y contexto, lo que provoca malentendidos.
  • Expectativas no cumplidas: Se tiene la costumbre de esperar que otros actúen de determinada manera sin expresar claramente dichas expectativas.
  • Diferencias en valores: Lo que es importante para uno puede ser irrelevante para otro, generando choques, especialmente en relaciones cercanas.
  • Roles poco claros: Confusión respecto a quién debe hacer qué en ámbitos laborales o familiares, lo que causa tensiones.
  • Intereses opuestos: Por ejemplo, decisiones de vida como dónde vivir o trabajar que pueden confrontar a parejas o familias.
  • Falta de confianza: La desconfianza crea tensiones que erosionan las relaciones.
  • Diferencias culturales y religiosas: Diversidad que, sin diálogo, puede provocar distanciamientos.
  • Ausencia de reglas claras: La falta de acuerdos explícitos, especialmente en relaciones de pareja o familiares, genera expectativas implícitas y posteriores conflictos.
  • Cambios generacionales: Diferentes prioridades y modos de vida entre generaciones, por ejemplo, milenials frente a sus padres, que intensifican los choques y responsabilidades.
  • Conflictos reales vs. imaginarios: Algunos conflictos nacen de percepciones erróneas o supuestos no fundamentados, que pueden crecer desproporcionadamente.

 

Cómo Enfrentar los Conflictos

Tres formas comunes en que las personas enfrentan los conflictos:

  1. Ignorarlos: No decir nada esperando que se solucionen solos, lo que tiende a empeorar la situación.
  2. Resolverlos indirectamente: Utilizar metáforas, intermediarios o indirectas para evitar la confrontación directa.
  3. Enfrentarlos directamente: Con empatía y comunicación asertiva para lograr entendimiento.

La recomendación es la empatía y la comunicación asertiva:

  • Practicar la empatía implica entender que todos somos humanos con problemas y emociones, lo cual reduce la soberbia y abre al diálogo.
  • La comunicación asertiva no busca la pelea ni ganar, sino el entendimiento genuino de ambas partes. Escuchar activamente es tan importante como expresarse con claridad y respeto.

La invitación es a ejercitar la comprensión, no el juicio rápido y destructivo, reconociendo que detrás de cada persona hay una historia y circunstancias que merecen respeto.

Debemos ser capaces de reconocer cuando hemos expresado algo inapropiado o hiriente, siendo honestos con nosotros mismos. Reflexionemos sobre qué parte fue real razón y qué parte surgió del enojo o emociones negativas.

Para reparar una ofensa, es clave hablar desde el «yo», compartiendo cómo nos sentimos y no culpando al otro. Por ejemplo: «Me sentí triste porque…» en lugar de «Tú me hiciste sentir…».

Evitemos respuestas impulsivas, sobre todo en situaciones fuertes como infidelidad o traiciones. Tomemos tiempo para procesar, analizar qué queremos y cómo actuar con calma, en lugar de reaccionar en caliente y cerrar puertas sin oportunidad de diálogo o entendimiento.

De esta forma, se puede decidir con claridad y dignidad los pasos a seguir, minimizando daños y favoreciendo resoluciones conscientes.

La pareja y las relaciones profundas no se sostienen solamente por el amor romántico idealizado, sino por el respeto, la actitud y la voluntad de compartir la vida en equilibrio. El amor verdadero implica sacrificio y encontrar un punto medio entre posturas.

No evadamos conflictos, hablemos con sinceridad y sin indirectas, buscando ser auténticos y mejores en la comunicación y en la convivencia con los demás.

Generosidad, Respeto y Aprendizaje Continuo:

  • Cada persona es diferente y aporta a nuestras vidas desde su particular visión.
  • Aprender a manejar los conflictos es un trabajo arduo, que requiere práctica, empatía y honestidad.
  • El entendimiento y la comunicación son caminos para transformar los conflictos en oportunidades para crecer y mejorar las relaciones.
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