Alma

Del otro lado de la tristeza

Con: Psicoterapeuta Mario Guerra (Nos habla de su libro: Del otro lado de la tristeza)

¿Qué hay del otro lado de la tristeza?

La vida misma, aquí hablamos de la tristeza que viene después de la pérdida de un ser querido y cuando uno siente que no va a poder salir adelante, cuando uno siente que no va a poder seguir con facilidad o salir del todo y somos arrojados a una especie de pantano en el camino de la vida, lo veo como un pantano muy denso, muy oscuro, muy frío, donde hay poca claridad y donde uno no siente realmente que pueda salir porque igual que en un pantano no se avanza a la misma velocidad. No se ve mucha esperanza. Del otro lado se ve la vida misma, no exactamente igual que como era porque no volverán a ser las cosas iguales, pero yo creo que salimos un poco bañados de nostalgia después de todo el proceso.

Somos una cultura muy evitadora de la tristeza, ahora se nos inculca que no deberíamos sentirnos tristes, que arriba corazones, que hay que echarle ganas, que hay que estar bien, se nos ha dicho por mucho tiempo pero todavía más en épocas recientes que no deberíamos estar tristes porque la persona que ya se fue está en un lugar mejor y yo tengo una respuesta para eso, les puedo decir ok sí pero yo no estoy triste por la persona que se fue, estoy triste porque yo me quedé aquí sin esa persona, esa es mi tristeza. Esa persona me hace falta, de muchas maneras hace falta en mi vida y tengo que aprender a vivir con esa ausencia porque finalmente uno sigue viviendo a pesar de sus pérdidas.

Sería muy triste e injusto achacar a la persona que murió la culpa de que uno ya no puede seguir viviendo.

Me pongo del otro lado a imaginarme que yo soy la persona que se murió y que desde el más allá puedo ver para acá y si yo viera que después de mi muerte todas las personas que me querían dicen que ya no pueden seguir adelante, que la vida ya no tiene ningún sentido, que ya mejor también habrían de morirse, yo diría: oye espérense, yo no quería causar eso, yo pensé que lo que había dejado era algo que valía la pena para que ustedes siguieran, que quisieran seguir viviendo. Hacer el ejercicio de que yo fuera el otro me parece muy ilustrativo sobre cómo nosotros nos vemos desde acá.

Háblanos de la tristeza.

La tristeza es ese pantano y no viene sola, hay otros habitantes por ahí, uno puede ser el miedo, el miedo a no poder seguir adelante, el miedo a la soledad, el miedo al desamor, al desamparo. Muchas veces como lo puede tener un niño pequeño, a la falta de un padre, una madre, cuando muere. Se entiende muy bien en los niños pero el adulto debería ser capaz de poder hacerse cargo de su propia vida a pesar de nuestras ausencias. El enojo se presenta cuando se percibe una injusticia o cuando algo nos duele.

El enojo también se mezcla con la culpa, hay una serie de emociones mezcladas. Culpa por lo que hice, por lo que no hice, si lo cuidé si no lo cuidé, si no me despedí, sí quedaron cosas pendientes entre nosotros. que siempre van a quedar y la famosa despedida, que luego uno dice es que no me despedí, es que difícilmente uno se despide. Vamos a imaginar una persona con una larga enfermedad que ya lleva seis meses y agravándose cada vez más, en qué momento llega uno a decirle: me vengo a despedir porque creo que ya te vas, eso no ocurre así, estas despedidas son más bien simbólicas. No dejan de estar presentes el enojo, el miedo, la culpa, el arrepentimiento, todo un cúmulo de emociones que están dominadas o predominadas por la tristeza.

Yo le tengo un gran respeto a las emociones, lo hice desde el libro anterior Del otro lado miedo, cuando hablé con el miedo y yo decía que lo que le falta son relaciones públicas nada más, pero sería absurdo desafiar al miedo, es absurdo desafiar a la tristeza porque es muy paciente, ella nos espera. Desafiar a las emociones, decirles no te tengo miedo, es una garantía de sufrimiento y frustración. Es mejor aliarnos con las emociones y dejar que hagan lo que tienen que hacer. La tristeza nos lleva hacia el interior para reflexionar, desacelerarnos, para poder acomodar todo el tiradero que quedó después de una pérdida y acompañarnos hasta la salida.

Muchas personas tienen un miedo terrible de que se les olvide su ser amado. Dicen: yo sigo yendo al cementerio porque no quiero que se me olvide. Yo sigo llorando porque si dejo de llorar es como si me hubiera olvidado. No necesariamente es así porque si bien el sufrimiento viene de la mano con el proceso inicial de la pérdida no tendríamos que aprender a vivir ni adentro del pantano de la tristeza ni vivir acompañados del sufrimiento. De lo que vivimos acompañados es de la nostalgia, que es como una tristeza de baja velocidad que nos hace recordar en fechas, lugares, conversaciones, a las personas que ya no están. Quién de nosotros ha olvidado a través de los años a personas significativas de nuestras vidas, que ya murieron, no hay forma, ni aunque quisiéramos voluntariamente hacerlo.

La tristeza te tiende a emboscadas.

Uno a veces quiere evitar, distraerse, quiere no pensar y a veces nos “entretenemos” trabajando mucho, por ejemplo, después de una pérdida hay quien se entretiene evitando personas y lugares que le recuerden la pérdida. Hay personas que me han dicho: yo no quiero trabajar, no quiero salir cerca de la casa porque no quiero que nadie me pregunte por mi mamá, mi hijo, mi hermano, mi padre, quien haya muerto, pero es inevitable. Aunque lograras el aislamiento total te va a venir la celebración navideña, te va a venir el cumpleaños, vas a tener que salir a la tienda, vas a comer una sopa que te recuerde a la persona. Es inevitable la tristeza. Ella te dice: si no vienes yo voy a llegar cuando menos lo esperes. Es una grandeza enorme cuando se le da la bienvenida y cuando se comparte con los demás, cuando todos somos vulnerables.

Una de las funciones principales de la tristeza es la de unirnos y hacernos acompañar por personas empáticas.

Hablemos de las reglas de autoprotección y de protección al exterior. Cuando uno está pasando por una pérdida quizá lo peor que nos ha pasado es que todas estas emociones de las que hablamos se puedan desbordar y nos lleven sin querer, sin intención a lastimar o lastimarnos. Con el dolor de la pérdida puedes hacer lo que tú quieras, nada más procura seguir tres reglas: no te dañes a ti ni de manera activa o pasiva, no dañes a otros y no dañes el entorno. No atentes contra tu vida, no te golpees contra una pared. No te dañes de manera pasiva, no dejes de comer, no dejes de bañarte, no dejes de procurarte, no te aisles. No dañes el entorno, no destruyas mobiliario de la casa, ni tampoco de manera pasiva dejes que se sequen tus plantas, no dejes que el polvo se acumule, no dejes que la grasa en la cocina se vaya haciendo cochambre. Sé que no tienes ganas al momento de la pérdida pero no lo vas a hacer por ganas lo vas a hacer por sobrevivencia, porque después va a venir otro tú del futuro que va a decir mira que tiradero me dejaron aquí y vas a tener más mucho que hacer. Haz lo básico siguiendo estas tres reglas.

Háblanos de tu proceso del duelo.

Si la tristeza es el pantano, el duelo es el tiempo que transcurre desde la pérdida hasta el resto de tu vida. John Bowlby, quien hizo un gran trabajo sobre la teoría del apego nos dice que el duelo nunca acaba, ocurre que cada vez irrumpe con menos consecuencia y yo agregaría con menos intensidad. Una vez que tenemos una primera pérdida importante ya no hay manera de que volvamos a ser exactamente como éramos antes. Vamos viviendo con esta especie de nostalgia, con esta sensación de que algo o alguien nos falta.

El duelo es un proceso, antes nos decían que pasabas de una etapa a otra, a otra, a otra y no te podías brincar una, ya después le modificaron, pero por hoy quizás el modelo más aceptado es el de oscilaciones, es decir, estamos arrojados al pantano de la tristeza pero de pronto dices: sí estoy en el funeral, estoy en esto pero tengo que pagar la luz, pero tengo que ir a trabajar, pero me tengo que vestir, pero tengo que llevar a los niños a la escuela, es decir, me salgo de pronto, regreso a la vida cotidiana, me hago cargo de esto y luego viene un comentario, un lugar, un recuerdo y voy de regreso al pantano. El Pantano de la tristeza nos deja salir a respirar para hacernos cargo de lo cotidiano y nos vuelve a jalar para seguir transitando por estas oscilaciones. Si te quedas del lado del pantano te estancas y caes en un proceso depresivo.

Nombras dos momentos del duelo, el orientado a la pérdida y la adaptación o a la restauración. ¿Nos hablas al respecto?

El que está orientado a la pérdida es ese primer momento del pantano, estamos tristes, añorando inicialmente, buscando, queriendo recuperar al ser amado perdido, haciéndonos preguntas. Luego el otro momento en el que entramos y salimos de él pero poco a poco, cada vez estamos más en él porque empezamos más en el pantano y acabamos más orientados hacia el otro lado, que es el de la adaptación. Una de las grandes tareas es superar las pérdidas, aprender a vivir con ellas. No es que uno aprenda a vivir con la tristeza porque eso sería quedarse en el pantano, uno aprende a vivir en la vida cotidiana con sus pérdidas, con la nostalgia y nos vamos reorientando hacia una nueva forma de vida, distinta a la que teníamos de muchas maneras, muy similar en otras pero que ya no será exactamente igual. Sobre todo si de aquella persona que murió dependíamos de alguna manera, económicamente, emocionalmente, afectivamente.

Quiero hablar de la huella vital. Una persona que se va no puede no habernos dejado parte de él o de ella. Vamos a pensar que se llevó mucho de ti, no te dejó nada. Esta huella vital es un ejercicio donde los voy acompañando a escribir lo que me dejo. Cuál es mi concepto de amor, qué es lo que más me ayudó de su paso por mi vida, qué es lo que más le aprendí, qué es lo que más le voy a extrañar y también qué es lo que no voy a extrañar, porque a lo mejor dice: cómo extraño tus historias, cómo extraño tus consejos y lo que no extraño son tus berrinches. Eso nos da la la posibilidad de rehumanizar a la persona, de darnos cuenta que había cosas que nos gustaban y nos sirvieron y otras cosas que no pero que eran parte integral de la persona. No idealizemos. A lo mejor tenía su carácter, lo mejor tenía ciertas cosas con las que tú no sabías llevarte bien pero también tenía momentos cariñosos, tenía momentos donde se abrían sus defensas y se mostraba vulnerable. Este ejercicio es una especie de inventario. Mucho de la persona que muere también se queda con nosotros y se lo tenemos que reconocer, si no podría ser un acto de injusticia.

Este este libro lo escribí con la intención de que sirva para quien esté pasando una pérdida, para quien la haya pasado, no importa el tiempo porque  el duelo nunca acaba. Nunca es tarde para leer este libro y poder reacomodar aquellas cosas que pudieron haber quedado tambaleantes. También es un libro para el futuro, inevitablemente vamos a pasar por alguna pérdida.

Es fundamental que el amor no se pierda, se transforma y pasa por este pantano donde parece que se ensucia pero realmente se limpia, se transforma de todo lo que estaba de este lado para para llegar a otro lado.

Yo escucho respetuosamente a las personas que me hacen un inventario de todas sus pérdidas, de los amigos, de ciertas capacidades físicas, de cosas de memoria y les digo: sí, esa es la verdad, sí se han perdido porque sería fantasioso decirle: perdiste amigos pero todavía te quedan tres, como una especie de compensación, eso yo no lo debo decir, eso lo debe decir la otra persona, entrar en conciencia y aunque se fueran todos los amigos que no has perdido, las historias, los recuerdos se quedan.  Quiero poner el acento en los jóvenes que a veces ya no quieren escuchar las historias de los viejos porque dicen que son las mismas y ahí va la abuelita con lo mismo y ahí va la tía a contar lo mismo y el abuelito, pues qué quieren que cuenten sino las experiencias de su vida.  Conforme va pasando el tiempo y la edad nos vamos quedando sin amigos, sin personas contemporáneas, ya las experiencias nuevas no son tantas entonces contamos nuestros recuerdos. Demos oportunidad de escuchar con atención, interés o al menos con respeto a una persona mayor. No solamente es una oportunidad de aprendizaje, sino también es darles una ventana para que hagan este inventario de lo vivido.

Nos vamos a enfrentar todos a varias formas de pérdida y lo mejor es hacerlo de frente, con respeto hacia la a la tristeza, hacia la pérdida pero sin detenernos, es algo que que tenemos que hablar, que reflexionar y que tenemos cuando es necesario dejarnos acompañar para salir del otro lado de la tristeza.

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