Vidas que inspiran

Diana Orero

Somos nuestras historias.

¿Qué te han enseñado los años?

Me encanta que años es muy parecido a daños, cuando quitas la D se queda en años, es ser feliz a pesar de los daños. La vida nos enseñan a ganar todo el rato, a ganar premios, reconocimiento, dinero, etc., pero nadie te enseña a perder y los años me han enseñado a perder. Desde el perder, a valorar.

Tu libro empieza diciendo somos la historia que nos contamos. ¿Qué nos dices a las personas de 60, 70, 80 años que estamos haciendo esta forma de vivir más intensa porque queda menos?

Yo les diría que las historias no tienen edad, les diría que se cuestionen. Para mí cuando te cuentas una historia es como una canción, por una parte está la letra, que es lo que te cuentas y por otra parte está el ritmo, la melodía y para mí eso es la actitud. No puedes contarte la misma historia desde el enfado, que desde la melancolía, que desde el amor. Primero miraría qué melodía tengo hoy, cómo me levanto, o sea miro hacia atrás y  lo hago desde la rabia, lo hago desde la melancolía, lo hago desde la la ilusión, miro hacia adelante y lo hago desde el miedo. Primero intentaría ver cuál es mi melodía y si me gusta la mantengo, si veo qué historia me puedo contar para cambiarla. A veces las palabras nos ayudan a cambiar la actitud y a veces la actitud nos ayuda a cambiar las palabras.

Háblanos de las palabras talismán

También les llamo palabras polares porque dan dirección, como la estrella polar. Yo necesito que las palabras me den dirección porque me pierdo mucho, necesito que me sitúen.

La primera es todavía, es una palabra heredada, las palabras se heredan muchas veces y se la debo a mi amiga a Carmen, que es una enamorada de las palabras. Una vez yo estaba dando un curso y pregunté si las personas tenían palabras favoritas, ella levantó la mano y dijo: sí tengo tengo y me dijo: todavía y que me cuenta una historia preciosa. Ella decía que se quedó huérfana muy joven, además estaba en un momento muy complicado de su vida y fue al ginecólogo, el ginecólogo le pregunto: ¿y tienes trabajo? y le dijo que no todavía. Él le preguntó: ¿y tienes pareja? y le dijo que no todavía. Ella me contaba que entró de una manera y salió totalmente de otra y que la palabra todavía se había convertido en su talismán y que cuando había una situación que sentía como un muro, la palabra todavía la convertía en un puente, algo que que no iba a acabar ahí sino que era parte de un proceso que probablemente te dejara en un sitio mejor de dónde venías.

Las palabras son como la música, generan estados de ánimo, hay palabras que te elevan el ánimo y hay palabras que te lo bajan. No es lo mismo decir no puedo irme de vacaciones, que cambiar la palabra no por cómo, cómo puedo irme de vacaciones, eso es el poder de las palabras.

Las palabras no son inocentes, no deberíamos ser inocentes al elegirlas.

Yo no tenía televisión, me la quitaron mis padres y para mí era muy fácil contar, yo me contaba todo el rato historias, me encantaban las historias, me encantaba leer y de mayor notaba mucha diferencia entre mis amigos y yo, de lo que esperábamos del mundo.

Mi padre decía que la felicidad son como unas llaves dentro de casa, que están, que no sabes dónde pero están, las tienes que buscar, a mí eso se me quedó. Mucho más mayor leí una una frase que me impresionó mucho, decía que la cultura es un conjunto de creencias compartidas y qué pasa con las creencias, se pueden cambiar, se pueden elegir. Escribí una frase que dice que innovar para mí es abrazar entre interrogantes la vida, cambiar un no se puede por un ¿no se puede?. Soy mayor ¿Soy mayor? Comparado con quién.

Mi padre me inspiró muchísimo. Cuando mi madre murió yo tenía 14 años, mi padre me dijo una frase que me cambió para siempre. Dijo: hay un montón de cosas que no podremos hacer con la mamá pero no habrá ni una sola que no podamos hacer por la mamá y para mí ese cambio de preposición se convirtió en un cambio de vida.

¿Cómo transformar el miedo?

Tenemos dos fábricas en el cerebro, la fábrica de temor y la fábrica de amor.

Una vez una amiga mía lo estaba pasando muy mal porque estaba a mitad de un divorcio, yo llamaba para ver cómo estaba porque sabía que estaba mal y sin embargo la veía muy contenta y yo decía pero cómo estás tan contenta, ella decía es que no puedo tener dos emociones a la vez. Eso me encantó y me hizo reflexionar sobre que en la vida somos fábricas y que no puedes fabricar dos cosas a la vez, puedes fabricar curiosidad o miedo, amor o temor. Las palabras son la materia prima de los sueños.

Las palabras crean mundos o crean revoluciones, todo empieza con una palabra.

Existe la posibilidad de contarnos las historias distintas. Un lingüista que fue a una isla y se dio cuenta que en esa Isla había muchas personas que se suicidaban, empezó a investigar y se dio cuenta que en en esa cultura no existía una palabra equivalente a la palabra DUELO y muchas personas cuando perdían a alguien no entendían lo que les estaban pasando, no entendían que era un proceso, pensaban que iban a quedarse siempre así y se creó una palabra para decir duelo, para que sepas que esto es una experiencia que otras personas han vivido que puedes aprender de las experiencias y que eso pasa.

En nuestra sociedad la palabra viejo siempre está relacionada con lo malo. ¿Cómo hacer un cambio en ello?

Lo hizo Ronald Reagan una vez y fue maravilloso. Cuando se presentaba la reelección normalmente en Estados Unidos siempre se eligen, es lo normal pero ya tenía cierta edad y era la primera vez que se presentaba a alguien con esa edad, tenía miedo, no sabía si iba a ganar o no. Recuerdo que el otro candidato quien sacó el tema de la edad, y le dijo: cómo te sientes teniendo la edad que tienes para ser presidente de los Estados Unidos y él dijo que no iba a tocar ese tema porque le parecía muy poco elegante sacar el tema de la edad porque dejaba al otro muy mal porque iba a relucir la poca experiencia que tenía. Me pareció precioso pues la edad es lo que quieres que sea y ahí nos vamos con las palabras otra vez.

A mí me gusta pensar que yo más que mayor soy más experimentada y quién renunciaría a tener experiencia. Me siento una versión mejorada de mí y espero que cada año sea mejor todavía.

Si una persona ante una situación la expresa de una manera que le hace sentir mejor pues se la compro.

Cuando mando un mensaje o cuando voy a hablar con alguien no pienso en lo que quiero decir, pienso en cómo quiero hacer sentir a la persona. La comunicación no es lo que tú dices, es lo que las otras personas entienden, el momento en el que te pones del lado del otro hace que todo cambie.

Debemos aprender a pedir. Cuando vas a un restaurante te dan la carta y dices no quiero pescado, no quiero arroz, no quiero tal, al camarero le cuesta saber lo que quieres, es lo mismo si yo te digo no grites, a tu cerebro le va a costar mucho más entender que hables más bajito y así con todo.

Tienes una lista de prefieros. ¿Cómo surgió la idea?

Yo iba a un a valet de pequeña y mi profesora coleccionaba muñequitos de animales y yo veía que tenía un montón. Mis padres no me querían comprar nada, me decían que eso para qué. Entonces decía yo qué puedo hacer, qué puedo coleccionar y decidí coleccionar PREFIEROS. Yo decía: prefiero un amor correspondido que un amor por correspondencia. Prefiero tomar Margaritas a deshojarlas.

Me he dado cuenta que todo lo que tienen en común los libros que escribo, es que tienen que ver con las relaciones. El primer libro tiene que ver con cómo nos relacionamos con la creatividad, el segundo libro tiene que ver con cómo nos relacionamos con la comunicación, el tercero tiene que ver con cómo nos relacionamos con la tecnología. La tecnología forma parte de nuestra vida y también le da forma.

Hay que planear y escoger qué palabras van a hacer tu nueva historia.

Las palabras crean mundos, yo por ejemplo cada año que empieza me pongo un lema, el año pasado era quiero ser como una nave espacial, conmigo no hay gravedad, yo decía lo que me pasa es ligereza, el de este año es amornia, la armonía a través del amor, ese es el poder de las palabras. A veces cuando te pierdes, te recuerdan las palabras una forma de mirar.

Un libro que escribí nace por una frase que leí de una chica en instagram, que decía: solo soy una chica que quiere ser feliz en una sociedad que no le deja y a mí eso me volvió loca, decía por qué no la he dejado la sociedad y me he dado cuenta que a veces en la sociedad con nuestra mirada ponemos jaulas en lugar de alas. En el libro me invento una palabra que es la vulnerhabilidad, la habilidad de ser vulnerable, es cuando cambias el juicio por la sensibilidad, es cuando yo soy sensible a lo que necesito pero también a tus necesidades.

Hablé con muchas personas que tenían enfermedades cutáneas. Las enfermedades cutáneas tienen una cosa que no tienen las demás que es que son muy visibles. Había una persona que me dijo es que doy asco, andando por la calle, alguien que no me conoce me mira con cara de asco. Yo decía que tenemos que dar a conocer enfermedades, el gran problema es que confundimos habitual con normal, las enfermedades cutáneas son normales pero no son habituales. Nos da miedo lo que no conocemos y lo rechazamos. Yo al rechazo siempre le llamo edición limitada, es que no eres para todo el mundo. Una persona te rechaza te está haciendo un favor, no eres para esa persona y no pasa nada.

En el momento que tú te sientes bien contigo difícilmente otra persona te puede quitar eso.

Nadie te hace nada, tú lo interpretas, no tiene nada que ver contigo. Si alguien está corriendo en contra de la felicidad no le persigas.

¿Qué mensaje quisieras dejarle al público de Enlace50?

Justo ahora tengo la edad en la que mi madre se murió y me impresionó mucho darme cuenta. Para mí cumplir años es una bendición y lo celebro muchísimo. Cada año cumplido es como una meta. No lo veo como un peso sino como un logro. Cuantos más logros tienes significa que sabes más. Con respecto a la Diana de antes sí que he cambiado cosas y la primera es que me caigo mejor. Yo he dicho, Diana hay cosas que no vas a hacer y no pasa nada. Antes tenía un Excel de cómo quería que fuera mi vida, ya no lo tengo.

La mayoría de cosas que me han hecho felices ni siquiera me las había imaginado. El sufrimiento viene de un deseo no cumplido y pero no pasa nada.

Para mí el gran mensaje sería cambiar el miedo por la curiosidad.

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