Por: Dr. Geriatra Robinson Cuadros
Convivir con personas mayores es una fuente constante de enseñanzas. Ellos, desde su experiencia, transmiten con palabras, miradas y silencios valores que fomentan la paciencia, el cuidado personal y la reflexión sobre el sentido de la vida. En medio de una sociedad acelerada, las personas mayores “aterrizan” nuestras prioridades recordándonos que primero somos nosotros y que todo pasa, invitándonos a cuidarnos y sembrar esperanza para vivir una vejez apacible y feliz.
La humanidad vive una época inédita con la longevidad creciente, lo que implica transformar la forma como percibimos y vivimos la vejez. El avance científico, como la gerociencia y los medicamentos senolíticos, busca no solo prolongar la vida sino mejorar su calidad, pero lo más importante es volver a lo esencial, empezando por el lenguaje. El lenguaje habitual contiene frases negativas y maltratos hacia uno mismo y a las personas mayores, fomentando estereotipos y menosprecio, como valorar a alguien “por lo que fue y no por lo que es”. Generemos un cambio radical: usar palabras positivas y cariñosas que reconozcan la dignidad y belleza de cada día vivido.
Cada día más personas asumen el control de su salud y bienestar en la adultez mayor, realizando ejercicio, participando en actividades artísticas como la danza o el teatro, aprendiendo nuevas habilidades y adoptando un estilo de vida saludable. Este cambio de actitud convierte la vejez en una etapa de reencuentro, redescubrimiento y propósito. El modelo anterior, que veía la vejez como enfermedad o deterioro inevitable, está cambiando hacia uno que la entiende como una oportunidad para vivir plenamente, compartir talentos y construir felicidad.
Más allá de lo clásico —alimentación, sueño y ejercicio—, es importante que cada persona busque ser “la mejor versión de sí misma” sin compararse con nadie más. Disfrutemos el camino de la vida e invirtamos en experiencias, acumular riqueza material para la vejez puede generar conflictos familiares, mientras que las experiencias enriquecen el alma y la memoria. Cultivemos el equilibrio en aspectos mental, emocional, social y espiritual para alcanzar una calidad de vida óptima.
Hablar de “persona mayor” o “viejo” a veces se percibe casi como una ofensa, y existe mucho edadismo (discriminación por edad), incluso autoinfligido. La sociedad en general tiene pendiente normalizar el envejecimiento y valorar a las personas mayores como sujetos de respeto y reconocimiento activo.
La geriatra y el acompañamiento holístico
Ir al geriatra puede parecer un estigma para algunos, especialmente si perciben que esto implica “ser viejo”. Sin embargo, el cuidado geriátrico ofrece una mirada integral que reorganiza tratamientos, fomenta la autonomía y abre nuevas posibilidades para estas personas y sus familias. Esto cambia la perspectiva sobre la edad y motiva a más personas a buscar este acompañamiento.
Es muy importante el vínculo entre la persona mayor y su cuidador, sea familiar o profesional. Cuidar puede generar una sobrecarga emocional y mental significativa, llevándolos a sentirse “muertos en vida”. Por ello la necesidad de que los cuidadores tengan espacios de respiro, herramientas para su bienestar y apoyo para evitar quemarse. “Los baños de bosque” (conexión espiritual y sensorial con la naturaleza) pueden adaptarse incluso en el hogar para revitalizar al cuidador, fomentar la creatividad y conectar con recuerdos y emociones positivas.
El futuro del cuidado: desafíos y oportunidades
En muchos países, la profesión de cuidador enfrenta falta de interés y cierre de programas educativos, lo que complica la disponibilidad de personal capacitado y vocacional. En Colombia, aunque hay éxitos notables en el cuidado, acompañados de una cultura cálida y afectuosa, existe preocupación por la vejez futura de las cuidadoras migrantes.
La tecnología, como altavoces inteligentes o asistentes virtuales, puede ayudar a mitigar la soledad y complementar el cuidado, pero esto debe combinarse con la creación de entornos comunitarios multigeneracionales donde jóvenes y mayores aprendan y compartan. En distintas partes del mundo existen iniciativas exitosas para unir generaciones, como estudiantes que mejoran su inglés conversando con personas mayores en residencias, o supermercados que ofrecen “cajas lentas” para personas mayores con tiempo y ganas de socializar, beneficiando tanto a los usuarios como al personal y a la comunidad. Estas experiencias demuestran que, con creatividad y buena voluntad, es posible transformar los espacios comunes y crear nuevos lenguajes que incluyan a las personas mayores como participantes activos de la sociedad.
Contrario a estereotipos, las personas mayores pueden aprender tecnología con rapidez cuando se conecta con sus emociones y necesidades prácticas (por ejemplo, mantener contacto con nietos en el extranjero o compartir recetas familiares). La neuroplasticidad sigue activa incluso a edades muy avanzadas, y el miedo o prejuicio que suelen tener los mismos mayores es a menudo el mayor obstáculo. Por ello, es fundamental diseñar modelos educativos empáticos y centrados en el sentido emocional para enseñar habilidades digitales y potenciar la autonomía.
La “geriatría espiritual” complementa la salud física y mental. Es esencial trabajar el sentido de la vida, el propósito y la resiliencia, ya que ayuda a adaptarse mejor a las circunstancias, lidiar con el dolor físico y emocional, y despedirse de la vida de forma íntegra. Este enfoque reconoce la relevancia de la oración, la meditación y la conexión espiritual para crear paz interior, reducir el sufrimiento y mejorar la calidad de vida. La neuroteología, campo a través del cual se estudian estos fenómenos desde la ciencia, aporta evidencia sobre los beneficios de estos procesos en personas mayores.
Repensemos la vejez como un tiempo de crecimiento, aprendizaje y plenitud que exige cambiar el lenguaje, la cultura y la actitud hacia las personas mayores. La longevidad es una oportunidad para el autoconocimiento, la creatividad, la espiritualidad y la conexión humana.
Apoyemos a los cuidadores, fomentemos la educación tecnológica emocionalmente vinculada, creemos espacios intergeneracionales y valoraremos la dimensión espiritual con propuestas integrales que fomenten el bienestar físico, mental y emocional en esta etapa de la vida. Esto va a permitirnos abrir caminos de esperanza para enfrentar los retos demográficos y sociales del envejecimiento, ofreciendo una mirada liberadora, digna y sabia a la experiencia de los años.


