Vidas que inspiran

Filósofo Eduardo Garza Cuéllar

Retos de lo inédito con el filósofo Eduardo Garza Cuellar.

Soy doctor en filosofía, escribo, fundamentalmente me dedico a la consultoría que es un trabajo verdaderamente apasionante y quedará para que aprendas de unos y lleves ese conocimiento a otros. Soy una especie de polinizador, generador de vínculos, eso es muy bonito.

Vamos a hablar de los retos inédito, de esos momentos que nos piden respuestas inéditas.

Claro es lo que estamos atravesando y por un lado es retador, amenazante, pero también es fascinante y me atrevo a decir que se vuelve fascinante cuándo pasa lo que está pasando ahora que es, poder conversar y en la conversación encontrar claves que permitan precisamente pasar del miedo a la emoción del reto, al descubrimiento de la competencia.

Enlace 50 se llama Enlace porque queremos crear vínculos y a eso nos dedicamos, a crear alianzas.  ¿Cómo ves nuestros vínculos últimamente ahí tambaleándose un poquito?

Yo creo que la pobreza de una sociedad es precisamente su desconexión. Puede ser que aquí cerquita haya una mujer que está desesperada y sufriendo porque no puede hacerse cargo de su hijo. Puede ser que a menos de una cuadra o 1 kilómetro haya una pareja que llenaría su vida de ilusión y de alegría si pudiera hacerse cargo de ese mismo bebé, en medio de barreras, prejuicios, malas leyes y muchas cosas que impiden la conectividad entre los muchos que quieren y los muchos que requieren. Entonces lo que tú haces es fascinante, te lo admiro, te lo reconozco y comparto contigo esa vocación del enlazador.

Hará un año que aquí en el programa estuvimos hablando y creo que empezaba la pandemia. Comentábamos de la esperanza y tú dices que estos retos inéditos son una carrera de relevos.

Si por supuesto, porque volviendo al enlace, al compartir, porque sabemos que compartir el dolor es dividirlo y sentir una alegría es multiplicarla, que compartir una tristeza es diluirla y compartir un hallazgo es crecerlo y multiplicarlo. Entonces tú vas a tener una luz que yo no tengo, vas a ver una oportunidad que yo no veo y si nosotros compartimos saberes, estamos haciendo ese relevo en el que podemos enriquecernos. Hay bienes que al ser compartidos se dividen y nos dividen, los bienes digamos materiales pero hay otros que al ser compartidos no se dividen sino que crecen y nos congregan; las ideas, el arte, los libros y audiolibros, los bienes espirituales. Yo al compartir algo contigo no lo hago menos, tú al compartir algo conmigo lo haces más, creces también y no nos divide, nos congrega. Y de eso va uno de los retos de los últimos que iba a hablar, es el reto de lo espiritual.

Te voy a poner un ejemplo muy concreto. Estamos trabajando para los rudos, rudos de una organización multinacional que todo lo quieren ver como un diagrama costo-beneficio, un business case y cuando les preguntamos a ellos que son jóvenes, no como nosotros, qué era lo que más les interesaba aprender, crecer, todos al unísono dijeron lo espiritual. Lo que menos esperaba, yo pensé que estos cuates, se reducían a esta lógica del costo-beneficio. Para nada, son humanos y como tales, están ávidos y de eso ha servido la pandemia y estos tiempos por así decirlo, por qué, porque nos están pidiendo a gritos que nos encontremos con aquello que no nos puede robar una pandemia.

Exactamente, eso es lo que estamos haciendo aquí. Vamos a hablar de cinco retos. ¿Cuáles son?

  1. El Visual
  2. El emocional
  3. El creativo
  4. El ético
  5. El espiritual.

El visual tiene que ver con la asimilación de información. Hay un estado al que llamamos infodemia, que todos hemos padecido. Así como hay personas que dicen, yo ya no tomo café a las 6 de la tarde porque no duermo, hay personas sanas que dicen yo ya no tomo noticias. Tenemos que saber que 1 gramo alimenta, 2 gramos matan, o sea aquí hay una dosificación de las medicinas y de las noticias muy interesante. Hay una sustancia que la tiroides necesita para funcionar, se llama selenio, hay gente que ha muerto envenenada de selenio, lo que tú necesitas en una dosis, te mata en otra. Entonces, vamos a cuidarnos de la infodemia ¿Cómo? Diversificando la información, cambiando de tema, todos sabemos que sano es cambiar de tema y sobre todo de los temas que nos obsesionan y nos envenenan. Y segundo, ubicar la información no solo en el macro universo de lo que nos preocupa sino en el micro universo en aquello que tenemos el control y aquello en lo que podemos influir.

Yo le podría decir a alguien, Ahhhh, una pandemia y ya salió una nueva cepa, quien sabe dónde ¿Y qué puedo hacer? Si mi narrativa es esa, si lo ubico solo en el territorio de la preocupación, esto es un angustiómetro, a ver quién aguanta más. Pero si yo digo parece que hay una nueva cepa, usa tu cubrebocas, entonces le doy la sensación de que algo puede hacer y cuando nosotros tenemos la sensación de que algo puedo hacer, cubrirse, ir a votar, hacer lo que tú quieras, entonces de repente canaliza tu espíritu de manera distinta. Eso sería en síntesis muy apretada el reto visual.

Me paso al emocional. Evidentemente inédito, cuándo hemos vivido una pandemia que aqueja o vivido una crisis en la que no hay espectadores. Aún en la segunda guerra mundial había países que no estaban en el conflicto y eran espectadores del conflicto. Esta pandemia por eso se llama así, es social, es muy difícil que no nos genere emociones y yo te diría que el reto emocional. Primero un reto de alfabetización emocional, es decir encontremos nuestro diccionario de palabras para poder expresar lo que nos pasa emocionalmente. Ampliémoslo, habemos varones que nuestro vocabulario emocional es realmente lamentable, tenemos dos palabras y los dos son monosílabos. ¿Cómo estás? Bien, y otros, mal. Hasta ahí llega, no puede ser existiendo un diccionario tan amplio, tan bello. Podemos estar preocupados, angustiados, asombrados, felices, entusiasmados y además permite esta situación, que haya sentimientos encontrados, sentimientos aparentemente irreconciliables que nos están aquejando.

Fredy Kofman que es un colega, era muy brillante, dice: los sentimientos no solo están llamados a ser expresados, sino nos invitan cada uno a una acción específica. El miedo a generar acciones de protección, la alegría a celebrar, celebremos como aquí se celebra tanto la vida, la tristeza hace duelos, ahora hay maneras más creativas, ya habrás ido a varios velorios por zoom, pero hay quien le mete creatividad y permite un acompañamiento, etc. El asombro a la celebración también a esa posibilidad festiva. Entonces, la pregunta es, qué acción estás invitado a realizar para metabolizar y meter en algo positivo ese sentimiento porque si no lo haces advierte Kofman se vuelve en contra tuya. Ejemplo, no me voy a meter en el psicosomático pero cuántas veces muchas depresiones provienen de tristezas que no hicimos duelo, que no lloramos y entonces guardamos el llanto y se nos convirtió sino en una enfermedad física, si en una de orden mental. Entonces ahí ya quedo porque es fascinante ese reto emocional y podríamos hablar solo de él pero nos propusimos hacer un vitamínico de alto espectro.

Hay quien dice que el tiempo cura todo y eso no es cierto, el tiempo no cura todo, el trabajo es lo que cura todo. Ayer me mandaron una frase que es de Piedad Bonett, dice:

“Las cicatrices”

No hay cicatriz, por brutal que parezca, que no encierre belleza.

Una historia puntual se cuenta en ella, algún dolor. Pero también su fin.

Las cicatrices, pues, son las costuras  de la memoria, un remate imperfecto que nos sana dañándonos.

La forma que el tiempo encuentra de que nunca olvidemos las heridas.

Mira en esta pandemia falleció mi tía Mayita y tu dirás eso a mí que me importa pero déjame terminar, tenía un rostro… En cada arruguita había una historia. Yo le hice un libro de homenaje y algunos de los primos dijeron hay que ponerle fotos de cuando era chiquita, yo decía es que no hacen falta porque en cada arruguita está una historia. Yo creo que una forma invita a presumir la cicatriz o la arruga en donde ahí está toda tu historia, tu mal genio, tu buen genio, tu sonrisa, tus expresiones, no pierdas eso. Valorarlo como algo bien especial.

Vámonos por el reto creativo, primero mostrando que aquí si es una señal de salud y que no es privilegio ni monopolio de nadie, es la creatividad de la sociedad o a ciertas edades o a ciertas profesiones. Una vez me acuerdo que alguien en un curso me decía, yo no soy creativo soy contador… El hombre estaba asociando la creatividad a los pintores, escritores, pero la creatividad puede funcionar para hacer una nueva ruta, una mejor torta, agua más rica, lo que sea. Y tampoco nos podemos jubilar de ser creativos a cierta edad, hay un enorme reto creativo por eso estamos en una situación inédita y nos invita a hacer cosas nuevas. Si aún, al músico de la música clásica se le vuela la partitura, se acaba el concierto, como chiste de Luthier. Pero un jazzista cuándo se le vuela la partitura empieza la emoción, comienza a crear, es una metáfora muy poderosa del jazz, para un tiempo como el nuestro que se caracteriza precisamente porque se están volando las partituras o porque no tenemos partituras. Entonces seamos jazzistas y gocemos de la improvisación en un sentido enormemente positivo y constructivo, en una acepción maravillosa en donde improvisación signifique crear, responder, comprender.

La creatividad genera vínculos.

En lo ético te diría dos cosas; hay un reto entre el tipo de persona que queremos defender en donde se va a impugnar la primera persona del singular, el yo, el individualismo positivo, contra una concepción a mi gusto mucho más onda del ser humano en donde el protagonista de la historia es el nosotros, la primera persona del plural (los vínculos). Cuando había pandemia, epidemia en el mundo antiguo, los hombres y las mujeres de la biblia decretaban un ayuno y uno dice bueno y que sentido puede tener esto, déjenme lo que si puedo hacer. Y sin embargo ellos lo hacían para dejar claro que así como un dolor de muelas es un dolor individual de quien la aporta, una pandemia es una enfermedad social, te hayas o no pegado el virus, te hayas o no vacunado, eso no tiene que ver. No el nosotros es el enfermo, entonces invitaban a la gente mediante el ayuno a sentir en su cuerpo, a llevar en su cuerpo el recordatorio cotidiano de que el tema es de todos y a todos nos atañe. Eso es algo que podría ser un aprendizaje enorme junto con complementar la ética digamos masculina del semáforo, del dilema todo o nada, elegir es renunciar, con la gracias de la ética del cuidado. Porque las mujeres donde nosotros ponemos semáforos ponen glorietas. Qué quiere decir esto, si nos cuidamos, si nos miramos, no tenemos que parar, nada más tenemos que corregir dirección, velocidad, rumbo, cabemos todos. Y estamos invitados a esa ética femenina del cuidado de la glorieta, también a la del semáforo pero muchos hemos abusado de esa ética ideática, partir las cosas en dos y estamos invitados a esa integración, a generar una sociedad incluyente, inclusiva decimos ahora.

Hemos creado unos números que en salud mental nos hablan de muchísimas necesidades, y no se vale que como generación hayamos deprimido a otra generación y luego no le demos cabida en nuestras instituciones. Entonces si hay diversidades muy visibles como la diversidad de género, pero hay otras no tan visibles como la que tiene que ver con la diversidad neuronal, con la que tiene que ver con salud mental. Por ejemplo, Adela Cortina mi maestra filósofa española inventó una palabra, para que veas que la filosofía si sirve. Adela Cortina habla de la profobia y luego la RAE acepto la palabra y fue palabra del año 2017, la fobia al pobre.  Ella como española que es dice, a mí no me importa que vengan de las culturas musulmanas si vienen llenos de lana, tampoco si vienen africanos a meter goles de delanteros del Real Madrid. Mi problema es cuando ni el uno ni el otro no tienen en apariencia moneda de cambio. Mi problema son los pobres, musulmanes, africanos, centroamericanos, sudamericanos o españoles, por qué, porque estoy reduciendo a toma y daca la relación humana. Luego cuando me atrevo a ser inclusivo a ser incluyente, me doy cuenta que si tenían moneda de cambio, de la enorme riqueza que hay donde yo no había podido ver. Ese es el reto máximo junto con la sostenibilidad de la ética contemporánea, una economía, una sociedad, una política, donde quepamos todos, en igualdad de dignidad, especialmente los que han sido ancestralmente excluidos y que no siempre vemos y que no siempre son los mismos, eso es muy importante. Para hablar en contra del victimismo, ahí navegando con la bandera de ser víctima o de ser excluido manipula, entonces busquemos la manera de ver quién es. Como lo decía Guillermo Silva que estaba loco, él hablaba del pobre relativo. Cuando yo le pregunté, qué es eso del pobre relativo Guillermo. Pues si tú vas en un vagón de tren y de repente cae una maleta y descalabra a alguien y luego le sobamos y no va tan mal y a otro le duele el estómago y ahora es él y le damos un tónico y se siente bien. Y entonces otro empieza a hablar de que él está haciendo ese viaje porque su padre está muy enfermo y está en estado terminal, y ahora es él. Nunca es el mismo y tenemos que tener esa sensibilidad maternal para voltear a ver como hace una mamá; se clava con el hijo que la voló o que voló la materia o lo que tú quieras. No se trata de generar héroes, eso se llama integración. Como en película gringa llega Dumbo y lo buleaban por las orejotas pero aprendió a volar (agarra la onda que solo en Disney) y lo reintegramos al circo social, pero el circo no cambia, eso es integración. Inclusión quiere decir abrimos nuestras instituciones sociales para que quepamos todos sabiendo que nos vamos a enriquecer enormemente, especialmente las personas que no tiene moneda de cambio.

Vamos con el espiritual. Primero entender que lo espiritual es para todos, creyentes de cualquier tradición agnóstica y ateos, cabemos en la espiritualidad y esa hay que decirlo es fundamental. Vargas Llosa por ejemplo y otras muchas personas dicen, sin espiritualidad el mundo no tiene futuro. Y lo dice en concreto Mario Vargas Llosa, yo no soy creyente, es decir no participo en una tradición religiosa. Pues es maravilloso pensar que la espiritualidad es como la creatividad un rasgo humano que no es monopolio de ninguna tradición religiosa, ni de ninguna edad o de ninguna persona. Pero además, dicho lo cual, hay virtudes espirituales como la gratitud. Una persona agradecida como Oliver Sacks y como Leonard Cohen. Leonard Cohen por cierto, fue defraudado a los 78 años, se quedó sin un centavo y decidió a esas alturas grabar discos de los que vendió millones de copias y hacia giras por el mundo para seguir en la vida, sus mejores canciones, el discurso maravilloso que da frente a los reyes de España cuando le dan el Príncipe de Asturias, ahora Princesa de Asturias, hay que ver que es un hombre de gratitud, que habla bien de todos a los que les agradece, pero fundamentalmente habla bien de sí mismo, un corazón agradecido. Es la gratitud un símbolo poderoso de espiritualidad.

El humor. Llamar al humor la virtud de la espiritualidad, que maravilla. Sin duda, y eso no lo hago yo lo hace Kierkegaard un gran filósofo danés, maravilloso precursor del existencialismo que dice: cuando yo “Me veo con humor”, me puedo reír de los demás y eso es sarcasmo. Yo te podría decir, se cayó una viejita y tú te ríes y te digo es tu abuelita y como que se te congela la risa, pero cuándo no se trata de reírse de otro sino de mí, lo que hago es ponerme a distancia de mí. Y esa distancia, lo que supone es que me paré en otro lugar, que es un lugar espiritual, un valor trascendente que me hace pensar que aquello que me agobiaba, que me parecía que iba a ser el fin del mundo, en realidad es relativo a qué… Por eso me río.

Humor viene de humus, de donde viene tierra viva, de donde viene humilde y de dónde viene humano.

No estoy hablando de la complicidad ni de la carcajada. El humor más que risa es una sonrisa, vertida insisto no hacia los demás sino hacía nosotros mismos.

Mark Twain decía que el humor era la más grande de las bendiciones humanas y si alguien usaba el humor era él. Tienes un amigo con humor valóralo, contágiate, contágialo.

Hay una frase que le mandaron una vez a mi esposa: más vale perder los años y el tiempo con las amigas que perder las amigas con el tiempo. Es poderosísima.

Me gustaría que nos digas cómo alimentamos ese sentido del humor o lo creamos, porque a veces no es tan fácil, no todos somos tan simpáticos ¿Cómo aprendemos?

Lo único que te puedo decir es lo que yo hago. Me junto con gente tan grandiosa como mi recontra cuate Juan Carlos Mansur que es el humor. Y yo a ver si por contagio se me pega. Yo recurriría, al no saber cómo se transmite ese virus o cómo se pega, yo me juntaría al contagio, es decir no usen el cubrebocas para eso.

La esperanza. No entendida otra vez, teológicamente tampoco excluye esas bellas definiciones de todas las tradiciones. Yo tengo mi tradición, cada uno la suya sino entendida a la manera de Václav Havel, quien vivió 18 años en la cárcel, fue un enorme dramaturgo muy exitoso y después cuando se recrudeció la presencia soviética en su país proscrito, prefirió la cárcel al exilio, es decir tiene derecho a hablar sobre la esperanza y luego paso de la cárcel a la presidencia, fue el último presidente de Checoslovaquia y el primero de la República Checa, pelirrojo impresionante, maravilloso. Y dice, la esperanza no es un estado de ánimo, yo tengo derecho a ser pesimista u optimista, eso no es, tampoco es el resultado de un ejercicio estadístico. Tengo la probabilidad del 30% de pescar el virus o morirme en tanto tiempo, no. La esperanza no es un estado de ánimo sino un estado de ánima, es una virtud espiritual y la define como la sensación de que la vida y el trabajo tienen una razón de ser. Está vinculado a nuestro franqueano concepto del sentido y me parece poderosísimo. Yo tengo un letrero en mi oficina, porque algún día hice un curso de estos que te llevan a hacer tu misión de vida y me gustó lo que quedó: Contagiar asombro, propiciar encuentros, nutrir la esperanza.

Contagiar asombro, para contagiarlo hay que estar asombrado; propiciar encuentros, la vocación que yo comparto contigo y con este programa y nutrir la esperanza, no la tienes porque si, y yo me pregunto y les pregunto a quienes nos honran escuchándonos, de qué se alimenta, qué come, qué le nutre, qué le cae bien, qué le gusta comer, cómo se alimenta su esperanza

¿A ti qué te han enseñado los años?

Todo, no hay nada que no haya sido dosificado temporalmente, pero evidentemente los mejores años han sido los que pude estar más abierto a los aprendizajes. Ahora si tú me preguntas en qué vienen envueltos estos regalos, casi siempre vienen envueltos en algo fundamental que habría que cultivar como un arte, en una conversación. Hay un autor francés, no estoy recordando su apellido, que hace un libro extraordinario que se llama así “El Arte de la conversación”, y hay que entender que como todo arte, pintura, escultura, la música, la danza; el amor diría Erich Fromm, tiene su oficio, su ciencia, su búsqueda, sus reglas, su manera de… Y no cualquiera es una conversación. Quizá soy muy auditivo no lo sé, evidentemente hay muchas cosas que se aprenden leyendo, pero si me preguntaras a mi como un medio directo recordado, es el conversar e incluso grandes maestros de filosofía, Jesús Conill en España, Miguel Mansur en México, Adela Cortina de quien ya hablé antes, han sido grandes conversadores. Te voy a regalar una imagen que regala un filósofo español García Morente, preciosísima, él dice ¿Quién es el filósofo? Y contesta la primera imagen que me viene a la mente es la del pensador Rodin. Y uno se imagina así al pensador con su puño en la cabeza y esta sumida en unas manos muy poderosas y una espalda muy musculosa, etc. Y dice García Morente, muy divertido, para que tanto músculo si se dedica a pensar, no, esa no ha de ser la imagen del filósofo. Ha de ser un retrato muy bello de Lorenzo de Medici que está sumido en sus pensamientos, viéndolos ahí desde la lejanía, del horizonte. Y dice, ese hombre además de nostálgico y triste esta solo y remata diciendo: para mí, la imagen del filósofo es más bien en un cuadro precioso que se llama, “La escuela de Atenas”, de Rafael. Ese diálogo entre Platón y Aristóteles, es divertidísimo porque a uno le pone cara de Leonardo Da Vinci y tal, pero donde ellos van caminando juntos y dialogando y ahí concluye, el filósofo es eso, es diálogo. No solo que la herramienta sea la conversación, el diálogo, el encuentro, sino que el filósofo es diálogo vivo. Lo digo porque tuve el privilegio de estudiar un poco de filosofía, pero aprendí lo suficiente para entender que la filosofía no es cuestión de filósofos, lo es para quienes estudian filosofía, sino que es para cualquier persona. De hecho, tú, yo y todos tenemos una filosofía, lo único que a veces pasa es que no la tenemos presente, consciente. Yo he descubierto a través de los libros mis enormes rasgos de positivismo o de pragmatismo, que no me gustan pero que puedo transforma en la medida que los llevo a nivel consciente. Retos de lo inédito para momentos inéditos.

 

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