Mente

Hablar de la muerte, hablar de la vida

Por: Gustavo Rodríguez, autor del libro Cien cuyes

¿Qué te han enseñado los años?

A ser paciente,  a no hacerme demasiadas expectativas y a aquilatar las personas que te hagan reír.

En en la mayoría de tus libros escribes sobre lo que has vivido y en este libro tal vez has explorado lo que está por venir.

Usualmente en mis novelas invento alter egos o personajes, un poco para tratar de entender qué cosas me han ocurrido en el pasado y quizá esta sea la primera vez en que usó el mismo mecanismo para tratar de entrever qué me espera en el futuro. Yo no habría podido escribir 100 cuyes, a los 40 o a los 30 años. Ya cerca de los 50 empecé a darme cuenta de que avanzo en la fila, de que mi padre ya murió, mi mi madre se desmorona de a poco, a mis mentores de antaño tan poderosos ya casi no los veo, algunos han muerto, entonces uno ya empieza a preocuparse, a la par de que se da cuenta de que ya no puede realizar ciertas cosas que hacía antes. Creo que todo este cúmulo de percepciones fue una capa inicial para terminar escribiendo esta novela.

Cuando escribo una novela se juntan dos dimensiones, la dimensión de la preocupación gaseosa, estas preocupaciones que incluso uno no sabe que tiene y las ganas de ofrecer una travesura al lector, a ver si se la cree. Mis novelas son el resultado de esto, de tratar de explicarme o de lidiar con estas preocupaciones a través del juego. Mis preocupaciones de pronto encuentran su canal, su túnel hacia el artefacto lúdico y rápidamente se me ocurre un argumento, me enamoro de ese argumento e inmediatamente cuando trato de que sea sostenible en el diseño de una novela es que mis preocupaciones ya alcanzan cierta materialización en personajes, en situaciones, en diálogos, en reflexiones.

El argumento del que me enamoré es sobre qué pasaría si en la ciudad de Lima o en una ciudad latinoamericana aparece una sicaria misericordiosa que empieza a hacerle caso a los viejitos, una sicaria misericordiosa que vela por los demás. El proceso creativo tiene mucho de inconsciente, después de darle el nombre a Eufrasia me enteré de que Eufrasia significa la que trae alegría.

No sé si Cien cuyes sea la mejor novela que he escrito pero creo que sí tiene un detalle que la puede separar de las demás y es que sus personajes nos recuerdan a gente cercana, nos recuerdan a nuestros papás o a nuestros abuelos o quién sabe si a nosotros mismos, entran en juego las capacidades de los lectores de poder completar y llenar con sus recuerdos la vasija que yo les propongo. El lector le mete toda la imaginación, yo solamente le he dado un estímulo y creo que eso es lo que hace que Cien cuyes sea tan querida.

La escritura es una larguísima artesanía, uno empieza como un escritor con muchas lecturas encima y mucho poder de observación durante toda su vida con sensibilidad. He escrito tanto que obviamente he tenido que mejorar en mis textos.

Algo muy interesante que me dijo un periodista casi octogenario en Buenos Aires cuando fui a presentar Cien cuyes allá fue que a lo largo de mi novela se cumplían los tres requisitos que él había identificado que se necesitan para levantarse al día siguiente teniendo la edad que él tenía, uno: que el cuerpo te dé, dos: tener una razón para levantarse, un motivo, un trabajo, un hobby, ver a tu familia, a tus nietos y tres: que existan todavía referentes que puedas compartir y que casi no les damos atención mientras somos jóvenes pero en el momento en que uno siente que ya nadie habla de los actores que te gustaban, ya no se toca la canción o nadie conoce las canciones que escuchabas, ya no pasan las películas que te gustaban, uno siente que el mundo te empuja fuera, es otro tipo de soledad, es una soledad que se puede sentir incluso estando acompañados físicamente, me pareció muy interesante esa esa puntualización.

Yo creo que escribí un poco esta novela para ir curándome en salud, para ir poniéndome en la perspectiva, yo creo que mientras más pensamos y nos ponemos en situaciones que no nos gustan pues más preparados estamos psicológicamente ante ellas, ante la muerte, ante el envejecimiento, lo cual me da pie a reflexionar que soy un afortunado al dedicarme a escribir novelas desde un punto de vista de terapéutico. Cuando uno escribe una novela se hace cientos de miles de preguntas, preguntas desde la más mínimas, ver si tabú lleva tilde o no, hasta las más complejas.

Construí los personajes de Cien cuyes para que acepten con valentía y resignación el destino que se les plantó enfrente, hay que enfrentar la muerte, hablamos mucho de la muerte como espectáculo, como accidente, como guerra, como asesinatos, pero no solemos hablar de la muerte como la gran presencia que nos acompaña desde que nacemos.

Yo siempre fui un chico tímido, cerrado, no mostraba mucho mis sentimientos y después la vida me fue ablandando, no sé si tiene que ver la muerte de mi padre. Siento que mi vida ha mejorado muchísimo desde que digo más Te Quiero, desde que lo digo de verdad, es como una palabra mágica. Creo que ese es el par de palabras que más me ha cambiado la vida.

Dignidad es la palabra transversal en Cien cuyes, libertad también, son ineludibles la dignidad y libertad, van atadas no puede existir una sin la otra.

¿Por qué nos llevas a viajar por Perú?

En todas mis novelas los personajes están trasladándose siempre, tengo otras novelas donde hay más traslados incluso dentro de mi país, pero sí es verdad que la gran mayoría se centran en Lima, es el lugar del universo que mejor conozco, es mi ciudad, es la que más he observado, en la que más he sentido sus contradicciones, ante la que más me he quedado pasmado por ciertos rincones y bellos paisajes, es una ciudad fascinante, yo creo que esa fascinación la trato de transmitir a través de mis novelas. Exploto mi oído haciendo hablar mucho a mis personajes que se revelan por cómo hablan.

Empezaron a construir un edificio pegado a mi departamento y yo sabía que me iban a tapar la vista que tenía en mi cocina y donde desayunaba con una vista hermosa y decidí enfrentarme a esa tristeza o a esa rabia y a toda la combinación de emociones escribiendo un relato de consuelo, diciéndome hay alguien a quien que le podría ir peor que a ti si le tapan la vista, si fuera yo una anciana con escasa movilidad o en silla de ruedas cuya ventana es el único vínculo que tiene con el mundo. A modo de consuelo escribí una obra de teatro fallida y después un relato, un cuento donde le pasa eso a una anciana y una cuidadora la trata de consolar y la ayuda no a pasar ese duelo y ahí nace el germen de la primera anciana que aparece en Cien cuyes.

Escribir me ayuda a procesar en las cosas que no sé entender o que escapan de mi control.

Dicen que todos somos cuidadores o cuidados a lo largo de la vida y nos vamos preparando para esa parte. Ojalá cada uno de nosotros tenga al lado una persona con la empatía y la compasión de Eufrasia, sea alguien al que hay que pagarle, sea alguien de nuestra familia o un amigo o una amiga.

 

 

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