Por: Viviana Valdés Teja
Viviana Valdés trabaja en la intersección entre las humanidades, la psicoterapia y la neurociencia, con un enfoque particular en el trauma y el sistema nervioso. Su trayectoria profesional incluye estudios en comunicación, antropología social y psicoterapia Gestalt, además de una formación específica en experiencia somática para la resolución psicobiológica del trauma. Valdés destaca la importancia de integrar estas áreas para apoyar no sólo procesos terapéuticos, sino el autoconocimiento que beneficia a cualquier persona en cualquier etapa de la vida.
La teoría polivagal y su relevancia para entendernos a nosotros mismos
Uno de los conceptos clave que Viviana desarrolla es la teoría polivagal, elaborada por el neurocientífico Stephen Porges. Esta teoría se basa en una nueva comprensión del sistema nervioso autónomo, tradicionalmente dividido en simpático y parasimpático, y amplia ese modelo al distinguir dos ramas dentro del parasimpático:
- Nervio vago dorsal: Responsable de la respuesta de congelamiento o apagón nervioso, una reacción primitiva cuando la amenaza es inminente (como quedar paralizado ante un depredador). Este estado puede manifestarse como parálisis o colapso.
- Sistema simpático: Relacionado con la activación para la lucha o huida, preparando el cuerpo para defenderse o escapar.
- Nervio vago ventral: Una rama evolutivamente más reciente que facilita la conexión social, la comunicación y la regulación emocional a través de señales como el tono de voz, gestos y expresiones faciales. Permite enfrentar desafíos desde un lugar de seguridad y diálogo.
Esta jerarquía evolutiva refleja cómo nuestro cuerpo responde a distintas situaciones de peligro o seguridad, alternando entre desconexión, activación o conexión según la amenaza percibida.
Al gunos ejemplos cotidianos de activación del sistema nervioso son los siguientes y no sólo ocurren en situaciones extremas, sino también en la vida diaria:
- Quedarse bloqueado al hablar en público, nervioso ante una aguja o ante la autoridad del jefe, revelan congelamientos inconscientes del sistema nervioso.
- Reacciones de lucha frecuente, como irritabilidad o enfado rápido, suelen estar asociadas a una hiperactivación simpática.
- La tendencia a evitar confrontaciones o huir de situaciones estresantes corresponde a la respuesta de huida.
Estas respuestas automáticas se activan cuando el cuerpo no percibe seguridad. Cuando estamos seguros, la rama ventral del nervio vago facilita la comunicación abierta y la flexibilidad en la interacción con otros. Comprender y reconocer estas respuestas nerviosas ofrece una clave poderosa para la autocompasión y el manejo emocional. Ninguna respuesta nerviosa está mal; todas son mecanismos naturales de supervivencia. Sin embargo, cuando estas respuestas quedan atrapadas sin resolverse —por ejemplo, la energía generada para huir o luchar que no se descarga— puede quedar retenida en el cuerpo, ocasionando síntomas físicos o emocionales y apareciendo como trauma.
La acumulación de este estrés no procesado puede ocurrir desde la infancia por situaciones de violencia o inseguridad, pero también en la adultez, a partir de accidentes, cirugías, o eventos emocionalmente intensos, que muchas veces la persona no asocia a su estado actual.
El trauma se entiende aquí como eventos de sobrevivencia donde la energía activada para responder no pudo ser liberada, dejando al sistema nervioso «congelado» o hiperactivado, sin poder resetearse. Esto condiciona conductas fijas o reactivas que no dependen solo de la personalidad, sino de cómo el cuerpo y la mente quedaron atrapados en esos patrones. En la cultura popular la palabra “trauma” a veces se usa de forma ligera, el trauma verdadero tiene un impacto profundo y duradero que requiere atención y una mirada compasiva.
Herramientas para iniciar el autoconocimiento y la autorregulación
El primer paso para fortalecerse ante estas respuestas nerviosas es desarrollar la curiosidad por uno mismo, y empezar a escuchar el cuerpo:
- Reconocer sensaciones corporales como tensión, respiración apresurada o malestar.
- Aprender a gestionar la energía acumulada, por ejemplo, realizando actividades que permitan liberar la tensión después de una situación estresante (gritar en silencio, apretar un cojín, caminar).
- Permitir emociones naturales como el llanto para activar el mecanismo corporal de regulación.
- Buscar espacios seguros para dialogar cuando se esté más calmado, evitando confrontaciones en momentos de activación extrema.
Destaca la importancia de que este trabajo se realice con apoyo profesional, pues la introspección sin guía puede ser abrumadora o generar más ansiedad.
Es importante abordar estas experiencias con autoempatía, superando juicios y cargas culturales que desvalorizan o reprimen emociones y reacciones humanas naturales.
La compasión hacia uno mismo es fundamental para el camino de sanación.
El trauma no solo deja heridas, sino que con el trabajo consciente puede traer regalos, como mayor conciencia corporal, autorregulación y capacidad de conexión emocional profunda.
La vida nos sigue presentando situaciones que activan nuestro sistema nervioso, por lo que el trabajo de regulación es un hábito que se va desarrollando constantemente. Aprender a surfear esas “olas” de activación es un aprendizaje que puede llevar a una existencia más tranquila, conectada y con mejor calidad de vida.
La neurociencia y la psicoterapia convergen como un puente entre mente, cuerpo y relaciones, apuntando a una vida más plena y compasiva. Este enfoque propone un cambio profundo: dejar atrás la rigidez del control y la represión para reconectarnos con nuestras emociones, entendernos mejor y, finalmente, querernos más.
La teoría polivagal es clave para comprender la complejidad de estas reacciones y nos ofrece un mapa para navegar mejor nuestras vidas. Reconocer y sanar el trauma, tanto de la infancia como de la adultez, es posible y enriquecedor, y constituye un camino que puede acompañarnos toda la vida hacia una mayor paz interior y una mejor conexión con nosotros mismos y los demás.


