Corazón de mar
Mariel Hawley / abogada, madre, escritora, conferencista y nadadora de aguas abiertas que ha conquistado los 7 mares
Nos comparte la experiencia de nadar el reto Ocean Seven, que consiste en completar siete nados de larga distancia en diferentes partes del mundo, de manera individual e ininterrumpida. Estos son los siete nados emblemáticos:
- Canal de la Mancha (entre Inglaterra y Francia)
- Canal de Catalina (isla Catalina a la costa de California)
- Canal de Molocay (en Hawaii, el más largo, unos 45 km)
- Canal del Norte (entre Islandia del Norte y Escocia, el más frío)
- Estrecho de Tsugaru (en Japón, con condiciones muy ventosas)
- Estrecho de Cook (entre la isla norte y la isla sur de Nueva Zelanda)
- Estrecho de Gibraltar (entre España y Marruecos)
Este reto es considerado el más ambicioso en la natación de aguas abiertas.
Mariel recuerda nadar en el canal de la Mancha, después de casi 10 horas enfrentando olas, frío intenso y náuseas por tragar agua salada. Describe un momento crítico en que gritó «Ya no puedo más» y se dio por vencida, lo que le provocó un gran impacto emocional. Reflexionó que las olas simbólicas más difíciles no son las del mar sino las circunstancias complejas de la vida.
Ella entendió que a pesar de las adversidades externas, la fuerza para seguir adelante estaba en ella misma. Decidió continuar y completar el cruce en 14 horas con 33 minutos, prometiéndose disfrutar el resto del trayecto aunque fuera lento y complicado, eligiendo vivir ese proceso con una actitud positiva.
Su abuelo Austin, veterano de la Primera Guerra Mundial, fue una gran inspiración para su sueño de nadar el Canal de la Mancha, un sueño nacido cuando Mariel tenía 12 años. Este sueño se concretó tres décadas después, mostrando que no existen límites por edad para hacer realidad las metas.
Revolcones personales y familiares
Afrontó pérdidas profundas y difíciles revoluciones emocionales en su vida. Su padre, médico y su apoyo inicial para el cruce, falleció inesperadamente tres meses antes del viaje. Sin embargo, ella decidió hacer el nado con su padre en el corazón y convertir ese esfuerzo en un proyecto solidario para recaudar fondos para cirugías para niños con labio y paladar hendido.
Dos años después, enfrentó otro golpe duro cuando su esposo, Eduardo, fue diagnosticado con cáncer cerebral. A pesar de varias cirugías y tratamientos, Eduardo falleció al poco tiempo, dejando a Mariel y sus dos hijos en una situación dolorosa. Siguiendo el legado de fuerza de Eduardo, ellos nadaron juntos el estrecho de Gibraltar en su memoria, como una manera de sanar y honrarlo.
El enemigo más fuerte durante sus nados es su propia mente, que tiende a sabotear el esfuerzo con pensamientos de cansancio, dolor o miedo. Recomienda crear un «escudo de fortaleza» mental, alimentando la mente con afirmaciones positivas y distracciones que generen bienestar, para evitar caer en el desaliento.
Si se permite que la mente tome control negativo, esta logrará que se desista. Sin embargo, si se determina cortar esos pensamientos y enfocarse en lo positivo –por ejemplo, imaginar olores agradables o recuerdos felices– es posible continuar ante cualquier dificultad.
En uno de sus cruces, Mariel vio un tiburón por primera vez. A pesar del miedo natural, siguió nadando porque entendió, gracias a su guía, que en la vida los «tiburones» más peligrosos no están en el agua, están en los miedos y dudas internas que nos frenan.
El mensaje es no distraerse con esos «tiburones» y seguir adelante para alcanzar los sueños, a pesar de los temores internos que puedan aparecer.
Salir del agua después de tanto esfuerzo es una experiencia intensa. Frecuentemente está exhausta, a veces gatea para salir, pero con inmenso agradecimiento y paz. Para ella lo valioso no es sólo el triunfo final, sino todo el proceso de preparación, superación y aprendizaje que lleva hasta ese momento.
Reconoce la importancia de recuperarse con calor, comida y descanso, aunque la adrenalina hace difícil conciliar el sueño. También advierte sobre las molestias causadas por las medusas, que afectan el sistema nervioso y el descanso.
Balance personal, familiar y profesional actual
Tras varias pruebas personales, Mariel resalta que sus hijos han salido adelante con empatía y fortaleza, mostrando la capacidad de apoyarse entre ellos y a otros con dificultades, un acto de gran valor.
Profesionalmente, es abogada y dirige una organización dedicada a promover la actividad física como pilar fundamental de la salud integral, buscando inspirar a las personas a incluir el ejercicio en sus vidas para prevenir enfermedades y mejorar el bienestar físico y mental.
Recientemente se casó con Gerardo Flores, a quien conoció por Zoom durante la pandemia. Juntos han formado una familia unida y feliz, demostrando que nunca es tarde para reinventarse y construir nuevos proyectos.
No cree en límites por edad para hacer o reinventarse profesional y personalmente. La tecnología puede ser un gran aliado para acelerar proyectos y mantenernos activos y con propósito. Propone dignificar y valorar la etapa adulta, aprovechando la sabiduría y libertad que viene con la edad, dejando atrás temores o creencias limitantes (como que “ya no queda nada por hacer”). Invita a todos a plantearse metas, sueños y planes nuevos para los años que vienen.
Mariel comparte una dedicatoria que escribió para sus hijos, que también dirige a todas las personas:
- No dejar de sonreír y amar profundamente.
- Ser valientes y levantarse tras las caídas.
- Mirar la vida con el corazón, valorar lo esencial, que no se ve con los ojos.
- Abrazar a seres queridos y recordar a quienes ya partieron.
- Volar, lograr metas y apoyar a quienes se han caído en el camino.
- Soñar con los ojos abiertos y vencer obstáculos con esfuerzo para hacer realidad los sueños.
Ella es una profunda lección de coraje, resiliencia y amor, donde sus experiencias de vida y de los siete mares se entrelazan para mostrar cómo afrontar las adversidades y seguir nadando, pese a las olas que golpean fuerte. Su ejemplo inspira a perseverar, a creer en uno mismo y a disfrutar el camino, entendiendo que las verdaderas batallas y enseñanzas están tanto en el agua como en la vida diaria.


