abril 1, 2025 Enlace50

Mitos y realidades de la presión arterial

Por: Médico Geriatra Hugo Gutiérrez

Es un tema muy importante que está rodeado de muchos mitos, que muchas veces los propios médicos hemos venido generando y que ha creado mucha desinformación en la población. A la hipertensión arterial se le conoce como el asesino silencioso, es decir, no nos va a avisar y a diferencia de lo que la mayoría de las personas creen no va a dar molestias, no va a dar un aviso que te va a decir eres hipertenso. La mayoría de las veces hay molestias, pueden ser un dolor de cabeza, un mareo, un vértigo, vamos con el médico, nos toman la presión y la tenemos elevada, muchas veces se asocia pero la realidad es que el verdadero problema de la hipertensión arterial es que ese asesino silencioso no avisa hasta que la persona se infarta, sufre un evento vascular cerebral, sufre un sangrado importante, ahí es donde verdaderamente se manifiesta.

La presión arterial es un problema de salud pública mundial.

La presión arterial es un problema de salud que hay que controlar y ahora no hay normalidad para hombres y para mujeres, entendiendo que estamos hablando de adultos únicamente. Los criterios diagnósticos de hipertensión arterial están perfectamente establecidos. En 2017 si mal no recuerdo se hizo la nueva definición y toda persona que tiene 120-80 y de ahí para arriba es hipertensa. Entra un gran número de personas con esta nueva definición. Hay criterios para diagnosticar, el hecho de que a una persona se le haga una medición en condiciones inapropiadas no quiere decir que es hipertenso, tenemos que llevarlo a condiciones basales para ser diagnosticado. Hay diferentes puntos de corte, hay apartados donde al paciente únicamente se le da seguimiento y modificaciones sin medicamentos y hay otros puntos donde ya hay que dar tratamiento. Eso es en términos generales, una persona joven dígase 60 años y menos debe de apegarse estrictamente a llevarlo a niveles normales, es decir que tenga presiones arteriales de 120 sistólica que es la que la gente conoce como la alta y diastólica que conocen como baja, menores de 120-80 de preferencia. Cuando excedemos los 60 años la historia cambia, si yo tengo la presión arterial elevada, por ejemplo, 140 sobre 90 mi riesgo de desarrollar infarto al corazón, de desarrollar eventos vasculares cerebrales, de desarrollar problemas de retinopatía, insuficiencia renal, demencias, se incrementa. Inclusive las autoridades de la presión arterial como es la Sociedad Europea del Corazón, la American Heart Association en Estados Unidos, dicen cuidado con el adulto mayor.

En una institución pública en la que trabajé hace mucho tiempo tienen a las personas sentadas afuera de los consultorios y luego a la persona le dice la enfermera a ver levántese y siéntese aquí, le toman la presión y le dan una cifra y resulta que un gran porcentaje está alto, posiblemente porque no le tomaron bien la presión. Una de las primeras recomendaciones para tomar la presión adecuadamente es que el paciente tiene que estar sentado al menos 5 minutos sin haberse levantado, en la medida que el paciente se levantó de esa silla y se sentó en la que le dijo la enfermera su presión ya cambió. Son detalles muy pequeños, no le preguntamos al paciente oiga tiene ganas de ir a orinar, ese simple detalle ya le cambió la presión arterial, si no le preguntamos cuándo fue su último alimento también nos va a dar una cifra diferente, si el paciente se está tomando su cafecito le va a cambiar la presión, si el paciente estaba tomando un refresco de cola le va a cambiar la presión, si el paciente tiene algún dolor su presión arterial va a ser más alta. Son todas esas cosas que tenemos que considerar cuando le tomamos la presión a un paciente antes de que podamos tomar una decisión y decir la tiene alta o la tiene normal.

La recomendación de la Sociedad Europea de Cardiología donde hacen la definición por edades, ellos dicen cuál es la meta en el adulto mayor de 65 a 70 años ,más o menos es 140-80. Si el paciente tiene más de 80 años, más o menos 140-150, es una buena cifra siempre y cuando no haya alguna complicación. Vamos a poner un ejemplo, imagínate una manguera que tiene la mitad de agua, si está acostada el agua sigue la gravedad, va a estar en la parte inferior, si nosotros la acomodamos y la ponemos en posición vertical el agua se va a ir hacia abajo, lo mismo te pasa a ti y me pasa a mí y le pasa al vecino y a todos los humanos, somos un envase que contiene líquidos en su interior, la sangre es el principal. Si nosotros estamos acostados y tenemos 110 sobre 60 está funcionando bien porque le está llegando sangre al cerebro y a todos los órganos. Si nos incorporamos la presión arterial tiene que subir porque si no si los vasos sanguíneos no se cierran para que aumente la presión, no llegaría suficiente sangre al cerebro y entonces nos mareamos y nos caemos.

Cuando a la perdona mayor le damos medicamentos antihipertensivos muy potentes, corre el riesgo de que al pasarlo de posición sentado o acostado y lo enderezamos o está sentado y se incorpora, el paciente se marea porque el cerebro no está recibiendo suficiente sangre o por lo menos no es la presión adecuada. Ese fenómeno se llama hipotensión ortostática y el adulto mayor es muy proclive a marease, a desmayarse. El paciente corre un riesgo muy alto de caerse con todo lo que ello implica, un sangrado dentro del cerebro, una fractura, sobre todo aquel que es frágil.

Frágil es un término que utilizamos en geriatría para identificar una persona que tiene alto riesgo de complicaciones por lo que sea, y si sufre un golpe aunque no se fracture el paciente deja de comer, empieza a caminar menos y es el parteaguas que eventualmente lo va a llevar a la tumba, pero antes de eso la mayoría de los pacientes hacen cama como decían antes y entonces tienen dependencia en las actividades básicas de la vida diaria. Depende de alguien que lo bañe, lo cambie, le dé de comer, le cambie el pañal y se afecta a todo el núcleo familiar. El adulto mayor cuando es robusto nos va a aguantar lo que sea, podemos llevarlo a cifras normales como el paciente adulto joven y no va a haber problema pero ese adulto mayor frágil es el que corre riesgo.

La ciencia médica es un arte y ese arte tenemos que adaptarlo a cada paciente porque lo que tú requieres es diferente a lo que yo requiero aunque seamos de la misma edad, aunque tengamos una funcionalidad más o menos similar. Hace muchos años se pretendía alargar la cantidad de vida y luego nos dimos cuenta que si alargamos la cantidad de vida pero muchos de los adultos mayores sobre todo en países en vías de desarrollo como México pasan muchos años con discapacidad, con comorbilidad, no son funcionales, entonces ¿qué ganamos? Hoy se trata sí de extender cantidad de años, pero que haya calidad de vida. Esto de que vas a tomar medicina toda la vida no es cierto, eso se va a ir adaptando, a veces se requiere más dosis a veces menos, a veces tenemos que cambiar medicamento.

Yo soy el único responsable de mi salud, entendiendo que somos personas con capacidad cognitiva, cambia la historia en personas con síndromes neurocognitivos llamadas antes demencias.

Hablanos sobre los mitos de la presión alta

El primer mito es el hecho de que tengo que tomarme la medicina toda la vida. Puede cambiar dramáticamente el mito de que porque nos tomaron la presión alta una vez la la tengo alta en todo momento, tenemos que pedir que se nos tome sentados. Otra situación, de repente hablan por teléfono y dice el paciente es que me tomé la presión en casa y la traigo alta, qué hago, pero no hay molestias. No hay que hacer nada porque muchas veces nos tomamos la presión mal. Tengo que haber estado sentado por suficiente tiempo, tengo que estar tranquilo, sin dolor, no estar estar molesto, por cualquier situación mi presión va a estar alterada. En lo personal le sugiero a mis pacientes que no se midan la presión en casa porque se ponen nerviosos. Si vamos a medir la presión en casa yo les doy una hoja a mis pacientes con todas las recomendaciones. Una de las principales causas de que suba la presión es que no se tomaron el medicamento. Si no tienes ningún otro síntoma verifica que no estés tomando café, que estés fumando cosas que suben la presión arterial, si todo está bien y únicamente la presión está alta tienes que sacar cita  con tu médico para replantear la situación y hacer ajustes si fuera necesario.

¿Cómo saber si soy frágil?

Esta medición es una determinación que se lleva a cabo en geriatría con una serie pruebas que le hacemos al paciente y se categoriza en robusto, que es el paciente que a pesar de que tenga 66-67-70 años o más, puede aguantar lo que sea, pero si el paciente es frágil aunque se vea muy bien el hecho de que le cambiemos un medicamento o que se dé un golpe sin una fractura puede cambiar la historia para siempre. Hay que preguntarle a nuestro geriatra si soy frágil o soy robusto para que cuando yo vaya con otro médico pueda decirle que estoy catalogado como paciente frágil y tener cuidado al momento de hacer ajustes.

Siempre tenemos que estar reevaluando sobre todo el adulto mayor frágil, cada cita es un borrón y cuenta nueva. Nosotros como pacientes tenemos la obligación de llevar la batuta de nuestra salud.

Es muy importante no esperar a enfermarnos para ir al médico. El mejor momento para ir al médico es cuando no tengo nada, cuando no hay ninguna molestia y me pueden prevenir una enfermedad que realmente me va a llevar a una discapacidad, a dolor. Si ya tengo 60 y más debo ir con un geriatra, hacemos una evaluación diferente a la que hacemos en otras áreas. Abordamos áreas que normalmente no se ven y ahí surgen de pronto algunos problemas que a veces la propia familia o el paciente no se habían dado cuenta.

En la medida que dejamos de movernos vamos a deteriorarnos, la alimentación balanceada es fundamental, dormir de 7 a 8 horas es importante.

Es interesante trabajar con personas mayores porque aprendes que la ciencia nos ayuda muchísimo, nos sienta bases, pero que cada persona es diferente y tenemos que flexibilizar en nuestro trato. Me ha impactado que todos podemos quejarnos y podemos arrepentirnos de cosas que hicimos, pero una constante que ves en las personas mayores es que una de las quejas más amargas es que se quedaron con ganas de hacer cosas. Cuando trabajas con personas mayores ellos te están alimentando, te están pasando información. Volteas hacia tu futuro y dices qué puedo hacer para estar así o qué puedo hacer para no estar así ante tal enfermedad, tal situación.

Desgraciadamente somos muy pocos geriatras, en los últimos 10 años la cantidad de médicos que se formaron en geriatría ha aumentado afortunadamente pero aún así seguimos siendo demasiado pocos para los requerimientos de este país. Estamos viendo muchos geriatras muy jóvenes la mayoría de ellos, es muy bueno porque quiere decir que van a estar trabajando todavía por 30-40 años en el área.

Hay que ir con un geriatra si ya estamos en edad, es un abordaje totalmente diferente y puede hacer la diferencia en la cantidad de vida que vamos a vivir, pero sobre todo en la calidad de vida que vamos a llevar y esta calidad de vida no solo es para mi persona, abarca a las personas alrededor de mí, mis familiares, mis cuidadores y mi entorno.

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