Con Vicente de Haro
Vicente De Haro aborda el tema del sentido de la vida desde la filosofía, diferenciando esta perspectiva de la psicológica. Nos dice que la filosofía nace de una inquietud juvenil ante la pregunta fundamental: ¿cuál es el significado de la vida? Grandes pensadores como Albert Camus o Nietzsche también han explorado esta cuestión. A diferencia de otras disciplinas que se ocupan del «cómo» vivir (como la administración), la filosofía, junto con la religión y el arte, se enfoca en el «para qué» vivir, en la finalidad y el sentido profundo. Enfatiza que la filosofía no ofrece respuestas definitivas, sino que ayuda a plantear mejor las preguntas y explorar posibles respuestas, siempre en constante búsqueda. La filosofía no se queda estática: está en movimiento, siempre buscando pistas para entender el sentido de la vida.
Distingue entre «sentido en la vida» (aquello que da significado y satisfacción en el día a día, como las relaciones o el trabajo) y «sentido de la vida» (el significado global de toda la existencia). Esta última pregunta se vuelve más profunda a medida que envejecemos y podemos mirar la vida con una perspectiva más amplia, especialmente ante la cercanía de la muerte.
El sentido desde múltiples acepciones
El término «sentido» posee varias dimensiones:
- Dirección (como en una calle de doble sentido).
- Significado (lo que damos a algo).
- Sabor o disfrute.
- Sabiduría (vivir con buen sentido implica sabiduría).
La sabiduría solo puede alcanzarse con los años y la experiencia, no es algo que se obtenga con conocimiento académico solo.
Observemos a Sócrates, para quien la filosofía es una preparación para la muerte. Sócrates, enfrentando su ejecución, expresó «una hermosa esperanza»: que la vida no acabe con la muerte, sino que tenga una repercusión más allá. Esta esperanza, es clave para el sentido de la vida.
El sentido verdadero, no puede ser egoísta ni cerrar puertas; debe ser «centrífugo», es decir, ir hacia afuera, hacia los demás, la comunidad y la naturaleza. El sentido de la vida se encuentra en la relación y apertura al mundo, no en el encierro egocéntrico.
Desafíos actuales: prisa, distracción y vacío existencial
Vivimos en una época de aceleración y prisa constante. La tecnología, las redes sociales y la multitarea consumen la atención y reducen la capacidad de reflexión profunda. Citemos al sociólogo Hartmut Rosa y a Wittgenstein para subrayar la importancia de detenerse, dar espacio al pensamiento y a la profundización interna para poder preguntarse por el sentido de la vida.
Preguntas filosóficas para toda la vida y sobre todo para quienes estamos en la etapa de los 50 en adelante:
- ¿Qué puedo saber? (el conocimiento y la comprensión del universo, la vida, la muerte).
- ¿Qué debo hacer? (la reflexión ética y moral sobre nuestras decisiones y responsabilidades).
- ¿Qué es legítimo esperar? (la esperanza, la expectativa de trascendencia y significado).
La finitud y la muerte como elementos centrales
Aceptar la finitud y la proximidad de la muerte ayuda a valorar lo esencial en la vida: las relaciones, el amor, la honestidad consigo mismo. La filosofía ayuda a enfrentar estos temas con objetividad y valentía, evitando las distracciones superficiales que impiden la reflexión.
Más que prolongar la duración física, el sentido de la vida apunta a una «sobrevida»: vivir en un nivel superior de significado, intensidad y plenitud. Esta idea puede relacionarse con la trascendencia, es decir, ir más allá de la vida material y cotidiana.
La importancia del cuidado y el ejemplo en la vejez
Reflexionemos sobre la riqueza que aporta cuidar a los padres o abuelos, aunque sea doloroso; este acto da sentido profundo a la vida y cierra ciclos. La experiencia y la sabiduría de las personas mayores pueden ofrecer un ejemplo fundamental sobre cómo vivir y enfrentar el sufrimiento.
Personas con enfermedades o limitaciones físicas pueden vivir con una intensa calidad de vida si tienen relaciones profundas, sabiduría y significado.
Los invito a la reflexión constante y sincera, a darse tiempo para pensar por qué la vida merece ser vivida, tal como lo decía Albert Camus. La filosofía no es solo para académicos, sino para todos quienes quieran enriquecer su existencia a través del cuestionamiento y la búsqueda de sentido.
Reconozcamos la importancia de cultivar la reflexión filosófica a lo largo de toda la vida, especialmente en la madurez, para enfrentar la finitud con esperanza, sabiduría y apertura al otro.


