enero 22, 2026 Enlace50

Tu microbiota manda: ¿la estás escuchando?

Por: Dr. Ricardo Guzmán Rodríguez / Especialista en Genética Humana

El envejecimiento se compone de dos procesos: el envejecimiento primario o intrínseco, que es fisiológico y de origen genético (responsable del 25%), y el envejecimiento secundario o extrínseco, influenciado por el medio ambiente y la epigenética (responsable del 75%). Esto implica que, aunque la genética influye, nuestro estilo de vida —alimentación, ejercicio, descanso y actitud— tiene un impacto mucho mayor en cómo envejecemos y en nuestra salud digestiva.

El intestino es el protagonista principal en la salud, pues su buen estado es clave para el buen funcionamiento de otros órganos. El interés científico por la microbiota intestinal —el conjunto de bacterias benéficas que habitan en el tracto gastrointestinal— ha aumentado mucho en la última década. Se ha vinculado la alteración de esta microbiota con más de 100 enfermedades, incluyendo problemas neurológicos como Alzheimer, Parkinson, demencia, así como con cáncer y enfermedades metabólicas.

Factores que afectan la microbiota intestinal

Entre los principales factores que alteran la microbiota están el sobrepeso y la obesidad, problemas graves y frecuentes en México, afectando aproximadamente al 75% de la población mayor de 20 años. La mala alimentación y el sedentarismo son causas que fomentan la inflamación crónica y la disbiosis (desequilibrio bacteriano). También se destaca el impacto negativo de los medicamentos, especialmente antibióticos, inhibidores de la bomba gástrica, antihipertensivos, antidiabéticos y tratamientos para la tiroides, que pueden alterar la microbiota. Los cambios de dieta o ambiente, como cuando se viaja, también afectan la composición bacteriana y pueden provocar malestares.

El cuidado de la microbiota debe comenzar desde los primeros mil días de vida, incluyendo gestación, nacimiento y primeros años. La salud de la madre durante el embarazo y la forma de parto (vaginal o cesárea) influyen en la microbiota del bebé, que tiende a mantenerse estable desde los 3 años en adelante. Por ello, es fundamental fomentar una alimentación adecuada y apoyar con probióticos desde la infancia.

Para proteger y mantener saludable la microbiota, es imprescindible:

  • Comer alimentos sanos, preferentemente ricos en fibra prebiótica que alimentan a las bacterias benéficas.
  • Realizar ejercicio acorde a las capacidades personales, ya que mejora la diversidad y función bacteriana.
  • Evitar el uso innecesario de medicamentos que alteran la microbiota.
  • Mantener un buen dormir y manejar el estrés, dado que el estado emocional influye en la salud digestiva y general.
  • Mantener una actitud positiva y sonrisa diaria, ya que el bienestar emocional ayuda a una mejor función inmunitaria y microbiana.

Cuando se han dañado las bacterias beneficiosas por medicamentos o malos hábitos, la ingesta de probióticos es una estrategia útil para recuperar el equilibrio intestinal. Los probióticos son microorganismos vivos que, consumidos en cantidades adecuadas, aportan beneficios a la salud.

No todos los probióticos son iguales ni sirven para lo mismo. Hay que saber el género, especie y sobre todo la cepa específica para que el probiótico tenga la acción deseada (por ejemplo, para acidez, estreñimiento o diarrea). Un ejemplo destacado es Bifidobacterium lactis BPL1, una cepa que ayuda a reducir la grasa visceral (la grasa patológica que rodea órganos), mejora la resistencia a la insulina y favorece la salud metabólica. Este probiótico es seguro para tomar a largo plazo y tiene certificado GRAS (General Recognized as Safe) otorgado por la FDA. La marca recomendada que contiene esta cepa es Microbiot Fit.

Diferencia entre microbioma y microbiota

  • Microbioma: Conjunto total de microorganismos (bacterias, hongos, virus, etc.) que habitan en el cuerpo.
  • Microbiota: Específicamente el conjunto de microorganismos en un nicho particular, por ejemplo, en el intestino, pulmón o tracto urogenital.

La mayoría de las bacterias del microbioma humano son benéficas. Se estima que hay un billón de bacterias y solo se han caracterizado unas 30,000, lo que indica que aún queda mucho por estudiar.

El sistema gastrointestinal incluye:

  • Intestino (principal foco de microbiota)
  • Estómago
  • Esófago
  • Hígado (actúa como filtro o “aduana” que regula el paso de sustancias)
  • Páncreas (productor de enzimas digestivas)

Mantener saludables estos órganos es vital para prevenir enfermedades digestivas y metabólicas.

Para vivir de forma saludable y prevenir enfermedades crónicas, se recomienda realizar chequeos preventivos anuales:

  • Perfil lipídico (colesterol, triglicéridos)
  • Función hepática y renal (enzimas hepáticas, creatinina, urea)
  • Colonoscopía a partir de cierta edad para detectar pólipos y prevenir cáncer de colon, que está en aumento
  • Para hombres: control de próstata mediante examen anual a partir de los 40 años
  • Para mujeres: mastografía y Papanicolaou para detectar cáncer de mama y cervicouterino

Ya no es válido culpar a la genética por las enfermedades o malestar en la tercera edad. Somos responsables de nuestros hábitos desde jóvenes y adultos, cuidando lo que comemos, cómo vivimos y priorizando la salud emocional. Hay que informarse bien sobre los probióticos y no automedicarse sin orientación médica cuando se trate de problemas digestivos, pero sí aprovechar la información accesible para incorporar estos aliados saludables. El estado emocional influye directamente en la salud intestinal y metabólica. La tristeza, ansiedad o estrés crónicos pueden alterar la microbiota, mientras que el bienestar, la alegría y la sonrisa fortalecen la salud y mejoran la calidad de vida.

Vivir más tiempo y mejor

Es posible llegar a los 80 o 90 años manteniéndose activo, sano y con buena calidad de vida. Para ello, es fundamental asumir la responsabilidad personal del cuidado de la salud digestiva y metabólica, incluyendo desde la alimentación, ejercicio, control médico, hasta la salud emocional y uso adecuado de probióticos. De esta forma, no solo mejoramos nuestra longevidad, sino que también damos a nuestros hijos y nietos un ejemplo y base saludable para su desarrollo futuro.

La salud digestiva es clave para un envejecimiento exitoso y que el intestino juega un papel central en múltiples aspectos fisiológicos y emocionales.

La ciencia actual confirma que el cuidado del microbioma y la microbiota a lo largo de la vida es esencial para prevenir enfermedades crónicas y degenerativas. La incorporación consciente de hábitos saludables y probióticos específicos puede marcar la diferencia en la calidad de vida de las personas mayores.

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