Por: Dr. Elías Zaidman /Oftalmólogo
El Dr. Zaidman explica que el ojo humano va experimentando cambios desde el nacimiento, pero que no se perciben mucho hasta alrededor de los 40 o 50 años. Uno de los primeros y más comunes cambios es la presbicia o «vista cansada», que ocurre cuando el músculo ciliar que mueve el cristalino empieza a debilitarse y el cristalino se endurece, dificultando el enfoque para objetos cercanos. Para corregir este problema lo más sencillo es usar gafas para ver de cerca.
Muchas personas se compran lentes lectores en tiendas o farmacias sin una revisión profesional, lo cual puede funcionar inicialmente pero no es lo ideal. Es fundamental hacerse exámenes oftalmológicos completos después de los 40 años para detectar no solo la presbicia, sino también otras enfermedades oculares relacionadas con la edad. Se debe medir la presión intraocular para descartar glaucoma, una enfermedad que daña el nervio óptico sin causar dolor ni síntomas iniciales y puede llevar a la pérdida del campo visual si no se detecta a tiempo.
Glaucoma: una enfermedad traicionera
El glaucoma puede ser de ángulo abierto o cerrado. El primero es silencioso y se controla con gotas o cirugía si es necesario, mientras que el glaucoma de ángulo cerrado presenta un dolor intenso y requiere tratamiento inmediato con láser o cirugía para evitar daños irreversibles en el ojo. La recomendación es acudir al oftalmólogo al cumplir 40 años y repetir revisiones cada 3 a 5 años, o más frecuentemente si hay antecedentes familiares.
Degeneración macular y su impacto en la visión
La mácula es una parte central de la retina responsable de la visión fina, la lectura y detalles. Con la edad puede desarrollarse degeneración macular, que puede ser seca (con cicatrices) o húmeda (con extravasaciones de líquidos y sangre). La degeneración macular húmeda se trata con inyecciones intraoculares para controlar las filtraciones y evitar la pérdida severa de visión. Aunque esta enfermedad no produce ceguera total, impacta significativamente la visión central.
Los avances tecnológicos, como la tomografía de coherencia óptica, permiten detectar problemas maculares en etapas tempranas para tratar oportunamente. Además, se recomienda a pacientes con antecedentes familiares y fumadores realizar controles más frecuentes.
Desprendimiento de retina y tratamiento con gas
El desprendimiento de retina es otra condición grave que puede afectar la visión. Se diagnostica localizando el agujero o desgarro retinal que deja pasar el humor vítreo y produce el desprendimiento. Para tratarlo se sellan las zonas dañadas con láser, crioterapia o cirugía, y a veces se inyecta un gas que actúa como un globo para mantener la retina en su lugar. El paciente debe permanecer boca abajo gran parte del día durante semanas para que el gas presione la retina y esta se adhiera correctamente.
Cataratas: evolución y opciones actuales
El cristalino es la lente natural del ojo que se encuentra transparente, pero con la edad se vuelve opaco formando cataratas. Estas afectan la visión al impedir el paso adecuado de la luz. La cirugía de cataratas es segura y consiste en reemplazar el cristalino opaco por un lente intraocular artificial, que ahora puede ser multifocal para corregir visión de lejos, intermedia y cerca, reduciendo la dependencia de gafas después de la operación.
Actualmente, la cirugía es muy precisa gracias a sofisticados cálculos y técnicas quirúrgicas, lo cual mejora mucho la calidad visual postoperatoria. Sin embargo, no todas las cataratas requieren cirugía inmediata; el momento adecuado depende de las molestias y expectativas del paciente.
Ojo seco: causas y recomendaciones
El ojo seco es un problema frecuente que ocurre cuando las glándulas lagrimales y de meibomio no mantienen adecuada humedad en el ojo, lo que provoca ardor, irritación y molestias. Esto puede empeorar con el uso prolongado de pantallas, el ambiente seco o ciertos maquillajes. Para prevenirlo se recomienda:
- Parpadear frecuentemente, sobre todo cuando se usan computadoras.
- Hacer pausas de lectura o pantalla para mirar objetos lejanos.
- Usar lágrimas artificiales lubricantes cada 2-3 horas.
- Evitar gotitas para blanquear ojos que resecan más la córnea.
- Mantener buena higiene para evitar infecciones.
Protección de la mácula y hábitos saludables
Para prevenir daños en la retina y especialmente en la mácula, es fundamental evitar fumar, controlar enfermedades sistémicas como la diabetes y proteger los ojos de la radiación solar usando gafas oscuras y sombreros. La vitamina C, vitamina D y otros antioxidantes pueden ayudar en casos de degeneración macular, aunque lo mejor es la prevención con buenos hábitos y controles regulares.
La diabetes es la principal causa de enfermedad retinal vinculada a problemas visuales graves. El mal control de la glucosa genera daños vasculares en la retina que pueden provocar sangrados y cicatrices (retinopatía diabética), siendo una causa común de ceguera. Por ello, los pacientes diabéticos deben acudir oportunamente al oftalmólogo para evaluaciones, fluoresceinografías y tratamientos como la fotocoagulación con láser para cauterizar vasos sangrantes.
El trabajo coordinado entre endocrinólogos y oftalmólogos es vital para preservar la visión.
El cuidado integral de los ojos requiere atención a los cambios normales de la maduración visual, pero también a enfermedades que pueden poner en riesgo la visión. Es indispensable:
- Realizar exámenes oftalmológicos completos a partir de los 40 años.
- Controlar la presión intraocular para prevenir glaucoma.
- Vigilar la retina y mácula, especialmente si hay antecedentes familiares o factores de riesgo.
- Corregir oportunamente la presbicia y cataratas para mejorar calidad de vida.
- Mantener hábitos saludables, protegerse del sol y evitar fumar.
- Controlar enfermedades sistémicas como la diabetes con ayuda médica.
- Tratar el ojo seco con medidas simples que mejoran el confort ocular y evitan complicaciones.


