¿Por qué nos da pena hablar de salud mental?
Por: Psicóloga Yolanda Burgos Uriarte
Es muy importante entender la salud mental como un aspecto integral del bienestar y la calidad de vida.
Cuéntanos de tu libro “¿Qué hago, mis padres están envejeciendo?”
Aborda el reto emocional y psicológico que enfrentan los hijos de padres mayores. Este libro funciona como un espejo para ambas generaciones: los padres y los hijos, ayudando a comprenderse mejor a sí mismos y sus procesos naturales de envejecimiento, así como las heridas y emociones que surgen en esta etapa. La reacción sobre este libro ha sido muy positiva, incluso entre personas mayores, quienes expresan deseo de evitar que sus hijos sufran dudas o preocupaciones que el libro aborda.
Día Mundial de la Salud Mental y su relevancia en el envejecimiento
El 10 de octubre se conmemora el Día Mundial de la Salud Mental y es una fecha para poner sobre la mesa la importancia de este tema, que muchas veces no se habla abiertamente. A diferencia de enfermedades físicas, la salud mental sigue siendo un tema tabú, aunque las problemáticas como depresión, ansiedad o estrés son comunes y altamente tratables.
La Organización Mundial de la Salud destaca que la salud mental es parte indispensable para tener calidad de vida, y no se puede separar del bienestar físico. Sin embargo, la estigmatización aún persiste, en especial para generaciones mayores, donde acudir al psicólogo era mal visto o reservado para “locos”.
Hasta hace algunas décadas, ir al psicólogo era un estigma para muchos, especialmente en generaciones mayores. Hoy en día, gracias a avances sociales y culturales, es más común y aceptado buscar ayuda psicológica. Este cambio genera mejores resultados en la calidad de vida y permite tratar problemas emocionales que, de no atenderse, pueden devenir en enfermedades mentales diagnosticables y tratables, como la depresión o la ansiedad.
Se destaca que una de cada cinco personas puede presentar algún síntoma de enfermedad mental en su vida, y que estas, bien diagnosticadas y tratadas, tienen mejores expectativas de cura y calidad de vida.
Una buena salud mental
La salud mental implica un estado de bienestar en el que la persona puede manejar el estrés normal de la vida, trabajar de forma productiva y contribuir a su comunidad. No es una situación estática sino un proceso fluctuante que necesita atención constante.
Una buena salud mental se refleja en:
- Capacidad de manejar preocupaciones y estrés sin afectación severa en la vida diaria.
- Mantener un equilibrio emocional, sin melancolía excesiva ni ansiedad crónica.
- Poder desarrollar relaciones sociales saludables y sentirse apoyado.
- Contar con herramientas personales para afrontar dificultades o crisis.
Se recomienda prestar atención a señales como irritabilidad, insomnio, tristeza persistente o aislamiento social, ya que suelen indicar alteraciones en la salud mental que deben atenderse.
La mente y el cuerpo están estrechamente conectados. Las emociones y pensamientos pueden manifestarse físicamente en molestias como migrañas, contracturas musculares, colitis nerviosa o problemas digestivos. Por eso, cuidar la salud mental también ayuda a cuidar la salud física.
Síntomas de alerta y necesidad de atención psicológica
Se describen varios síntomas que pueden indicar la necesidad de buscar ayuda profesional:
- Angustia o ansiedad constante que afecta la funcionalidad diaria.
- Pensamientos persistentes sobre eventos traumáticos pasados (resentimiento).
- Irritabilidad o enojo frecuente sin razón aparente.
- Insomnio o patrones de sueño alterados.
- Sensación de vacío, falta de sentido o pérdida de interés por la vida (rasgos depresivos).
- Aislamiento social y sensación de soledad, exacerbada en situaciones como la pandemia.
El reconocimiento de estos signos y la decisión de atenderlos oportunamente puede marcar la diferencia para prevenir enfermedades mentales graves.
La importancia de la prevención y el autoconocimiento
Así como la medicina promueve chequeos regulares para la salud física, la salud mental requiere una cultura de prevención donde el autoconocimiento juega un papel fundamental. Conocerse, entender cómo funcionan nuestras emociones y pensamientos, y aprender a manejar las ansiedades, es esencial para prevenir crisis.
El envejecimiento puede ser un momento ideal para este proceso de autodescubrimiento y cuidado interior, ya que el tiempo y la experiencia acumulada permiten una mirada profunda hacia uno mismo.
Existen múltiples tipos de terapia, cada una con objetivos y métodos diferentes, y que no todas son adecuadas para todas las personas. Algunas de las terapias más comunes que menciona son:
- Terapia Cognitivo Conductual: Se centra en modificar pensamientos distorsionados para cambiar conductas y emociones. Incluye tareas y ejercicios de autoobservación.
- Terapia Dialéctica Conductual: Trabaja en la gestión de emociones intensas, especialmente para personas con reacciones emocionales rápidas o desreguladas.
- Terapia Gestalt: Facilita una introspección profunda a través de técnicas creativas para descubrir el origen de problemas actuales.
- Terapia Psicodinámica y Psicoanálisis: Exploran el subconsciente y conflictos profundos, con terapias generalmente más largas y profundas.
- Terapia Sistémica: Estudia cómo la persona interactúa en su entorno social o familiar para modificar dinámicas que afectan su salud mental.
Para elegir la terapia adecuada, es importante una evaluación inicial con el terapeuta, quien puede también derivar a especialistas como psiquiatras si es necesario para manejar problemas que requieran tratamiento farmacológico o combinado.
Terapia para adultos mayores: una experiencia enriquecedora
Contrario a la creencia de que las personas mayores son más resistentes al cambio, los adultos mayores suelen avanzar más rápidamente en terapia, debido a su experiencia vital y capacidad para identificar con claridad el origen de sus conflictos. El proceso terapéutico en esta etapa es muy enriquecedor.
Además, estas edades suelen ser las que más necesitan espacios seguros y libres de juicio donde expresar emociones, pensamientos y heridas no resueltas. La terapia muta entonces en un espacio para la sanación emocional profunda, fortaleciendo también su red social y calidad de vida.
El Patronato Cuajimalpa está dedicado a profesionalizar a cuidadores de personas mayores o dependientes, ofreciendo un diplomado con enfoque integral: técnicas para cuidados físicos, pero también aspectos legales, emocionales y éticos del cuidado.
Es importante que quienes cuidan estén emocionalmente fuertes, porque solo quien está cuidado puede cuidar. Cuidar implica respeto, empatía, paciencia y herramientas para manejar el estrés
La formación profesional de cuidadores es una forma de garantizar calidad de vida tanto para ellos como para quienes cuidan.
Debemos atrevernos a conocernos, a explorar el interior y sanar las heridas que pueden haber quedado guardadas. La clave para el bienestar integral y la felicidad es alcanzar la paz mental, que se logra con una buena salud mental.
El trayecto del envejecimiento puede ser pleno y satisfactorio si se aborda con herramientas adecuadas, apoyo profesional y una actitud abierta hacia la autoexploración y el cuidado emocional.
La salud mental es un proceso dinámico, que requiere atención continua y está fundamentalmente ligada a la calidad de vida, en cualquier etapa, pero especialmente en las edades más avanzadas. La psicología contemporánea y las terapias diversas brindan posibilidades reales de mejora y bienestar. La prevención, el autoconocimiento y la búsqueda oportuna de ayuda profesional son las grandes decisiones que pueden transformar la experiencia del envejecimiento.


